Los nuevos planteamientos fiscales para el ahorro no van a dejar impasibles a los inversores. Y menos al sector centrado en el diseño y comercialización de este tipo de productos. Sus esquemas habituales, basados en productos a largo privilegiados fiscalmente, está a punto de tambalearse.
La decisión adoptada por el Ejecutivo de extender un tipo único del 18% a todos los productos de ahorro altera por completo el mapa inversor. La redacción definitiva del texto de la ley (ver EXPANSIÓN del pasado sábado) no sólo aplica este tipo fiscal a las ganancias y beneficios generados en un plazo superior a un año, sino también a los generados en un periodo inferior. O lo que es lo mismo: todo el ahorro tributará al 18%, sea cual sea su duración. Ni siquiera los dividendos escaparan a este sistema.
El giro es profundo. Hasta ahora las ganancias procedentes del ahorro a corto (menos de un año) podían llegar a pagar hasta un 45% en el IRPF. Frente a ellas, las generadas a largo sólo pagaban un 15% (ahora sube tres puntos). En el caso de los dividendos, su complejo sistema de deducción actual provoca que el coste fiscal realmente soportado supere en muchos casos el tipo efectivo del 20%. Todo esto se acaba. También se unen al tipo único del ahorro.
El Gobierno eliminará la deducción por doble imposición de los dividendos a cambio de introducir este tipo fijo del 18%. Esa deducción no ha conseguido compensar el coste fiscal de los dividendos. Se trata de una deducción del 40%, pero, sin embargo, para aplicarla es necesario tributar, en vez de por el importe cobrado realmente como dividendo (por ejemplo, 50 euros), por el 140% del valor de ese dividendo (es decir, siguiendo con el ejemplo, por 70 euros). Este singular sistema ha provocado tradicionalmente quejas de los expertos por considerar que se trata de una fiscalidad excesiva.
Pero, además, el Ejecutivo ha decidido introducir un atractivo adicional para los dividendos, especialmente para los que perciban las rentas medias. De este modo, los primeros mil euros que se perciban al año en este concepto no deberán tributar. El resto, lo hará al 18%. Así, el dividendo, que se genera en un plazo de un año, ganará atractivo para las empresas, puesto que el cobro neto por el inversor será mayor.
La contrapartida la experimentan los planes de pensiones y, en general, el ahorro a largo plazo. Para los planes, la gran dificultad añadida será que las deducciones para mayores de 52 años se reducen, en determinados casos, a la mitad. Además, al límite general de desgravación anual para todas las personas (de 8.000 euros) se le pone un tope: del 30% de los ingresos por trabajo y actividades económicas, que limitará las inversiones. Y, además, sólo se podrán cobrar las prestaciones tras la jubilación de una forma acelerada (en vez de en renta vitalicia) pagando el 43% del plan a Hacienda. Por si fuera poco, los seguros a más de cinco años, que hasta ahora podían desgravarse un 75% de los beneficios, también pierden ese incentivo a cambio de entrar en el tipo único del 18%. Y las plusvalías generadas en más de un año pasan de pagar un 15% a tributar al 18%. Un cambio profundo que puede provocar un traslado desde los productos a largo plazo hacia productos e inversiones de duración inferior a un año.
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