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Los españoles, como el resto de los occidentales, llegan cada vez más tarde al mercado de trabajo, permanecen cada vez
menos tiempo en él y viven cada vez más años a cargo de la Seguridad Social. El sistema de pensiones está cada vez más
maduro y las cuantías de las pensiones toman valores crecientes. Si a eso se une que la llegada masiva de inmigrantes
genera un alivio poco más que testimonial en el corto plazo porque sus aportaciones financieras son muy bajas, la
resultante es que la Seguridad Social está en puertas de entrar en déficit. Para evitarlo, se hacen necesarias correcciones
paulatinas y continuas. Trabajo ya se ha puesto manos a la obra y busca el consenso de sindicatos, patronales y partidos
políticos, con una serie de propuestas razonables, aunque podrían quedarse cortas si no se refuerza más la contributividad.
Los sindicatos y los empresarios no deben buscar excusas para corresponsabilizarse en las reformas.
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