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En el debate sobre si debe mantenerse o no la deducción por compra de vivienda, prácticamente todos los economistas
coinciden al señalar que las ayudas fiscales contribuyen a inflar el precio final de las casas. Una idea compartida
también por buena parte del equipo económico del actual Gobierno, como demuestran los planes de suprimir, o al menos
rebajar sensiblemente, las actuales deducciones.
Las ayudas fiscales por adquisición de vivienda benefician, en mayor o menor medida, a casi cinco millones de
contribuyentes. Ciudadanos que, aunque no tengan hecho un cálculo muy preciso sobre cuánto podrán deducirse cada año,
cuentan con la ayuda fiscal como un elemento importante a la hora de planificar qué tipo de vivienda pueden adquirir
y qué cuota están en condiciones de abonar al banco por el préstamo hipotecario.
Según los cálculos hechos por este diario, las ayudas fiscales a la compra de vivienda financian de media dos terceras
partes del coste financiero de la hipoteca. Pero, con los tipos de interés a mínimos históricos, nos encontramos con
que hay casos en los que el ciudadano recibe de Hacienda más dinero que el que le cuesta el préstamo (un 122% del
dinero abonado en intereses en el caso de un crédito de 150.000 euros a un plazo de 10 años). Es decir, que la deducción
fiscal puede convertir en gratuito, o incluso rentable, el crédito hipotecario.
Contando con la deducción fiscal, el ciudadano se atreve a adquirir viviendas de mayor precio, y ello incide
directamente en la cotización de los inmuebles. De ahí que el Ejecutivo no deba renunciar completamente a la idea
de reducir este tipo de deducciones, como una medida más destinada a frenar la espiral en los precios de la vivienda.
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