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El Pleno del Congreso de los Diputados aprobó ayer la convalidación del Decreto Ley de reformas urgentes para el
impulso a la productividad y para la mejora de la contratación pública, que supone el primer paquete de medidas
del Plan de Dinamización de la economía elaborado por el Gobierno. El decreto fue convalidado con el apoyo de todos
los grupos parlamentarios, excepto el PP, que votó en contra, y CiU, que se abstuvo. Asimismo, se rechazó la
tramitación del mismo como proyecto de ley (151 votos a favor y 168 en contra), pese a que todas las fuerzas
políticas excepto el PSOE se habían mostrado a favor.
El PSOE consiguió que prosperara la convalidación, después de una negociación con ERC e IU-ICV, grupos que aseguran
haber conseguido, a cambio de su voto, algunas modificaciones en materia nuclear y del sector eléctrico. Aunque
se esperaba una votación más ajustada, el Congreso aprobó finalmente el decreto por un amplio margen. El cambio
más destacable respecto a los planes iniciales del Gobierno es el compromiso obtenido por IU-ICV de que no se
aplicará el procedimiento de urgencia previsto para la expropiación de terrenos que ENRESA dedicará a la
manipulación de residuos radiactivos, permitiendo así un mayor estudio y debate públicos.
En el caso de ERC, su portavoz, Joan Puigcercós, aseguró que los compromisos obtenidos del PSOE inciden más en
el sector eléctrico, ya que los republicanos consideran que la propuesta del Gobierno perjudica a las pequeñas
empresas de distribución y comercialización y beneficia a las grandes "de siempre". Tanto ERC como IU-ICV han
comprometido con el PSOE que sí habrá posibilidad de enmendar —se tramitarán como proyectos de ley— los siguientes
decretos que deben desarrollar el conjunto de medidas para el fomento de la productividad, y que en ellos se
introducirán algunos de los cambios acordados ahora.
Arranque con ruido
Excepto CiU, que condicionó su respaldo a que el PSOE aceptara la tramitación como proyecto de ley, el resto de
grupos parlamentarios (ERC, PNV, IU-ICV, CC y BNG) expresaron su apoyo al decreto aprobado por el Gobierno, con
fuertes críticas en la mayoría de los casos, y manifestaron su deseo de que se tramite como proyecto de ley para
poder introducir mejoras vía enmiendas, ya que las medidas recogidas en el mismo son insuficientes.
A este respecto, coincidieron en que algunos aspectos del decreto merecen un debate de mayor profundidad, como
la liberalización del mercado eléctrico, y en comparar el decreto con la Ley de Acompañamiento, ya que modifica
doce normas. El Gobierno socialista eliminó esta norma que tradicionalmente viene ligada a los Presupuestos
Generales del Estado, al considerar que era una herramienta abusiva, que el anterior Ejecutivo del PP había
aprovechado para cambiar leyes de calado evitando un largo trámite parlamentario. Los portavoces parlamentarios
criticaron también que el Gobierno no haya tenido en cuenta a los sectores implicados, a las comunidades autónomas
ni a los agentes sociales a la hora de elaborar este decreto.
Las mayores critícas llegaron, en todo caso, y como se esperaba, del PP. Su portavoz económico, Miguel Arias
Cañete, calificó el decreto de "bodrio" y dijo que "si el Gobierno ha hecho todo lo que podía hacer para aumentar
la competitividad, sería una catástrofe". Arias Cañete criticó que el Ejecutivo socialista lleva un año sin tomar
ni una sola medida para el fomento de la competitividad, y ahora quieren "sacar de la chistera un conejo que
apenas es un pequeño ratoncillo".
Cañete también aprovechó para subrayar que el decreto tiene el mismo carácter de "cajón de sastre" de la Ley
de Acompañamiento, ya que se trata de un "rosario de intenciones", de las que algunas, dijo, no son nuevas y
otras no tienen ninguna relación con la productividad. Desde CiU, el portavoz económico, Josep Sánchez Llibre,
manifestó su decepción y escepticismo con una medidas que considera "confusas, de corto alcance y con poca
transparencia". El diputado de IU-ICV, Ángel Pérez, auguró que "lo peor está por venir", y dijo que cuando se
pone en marcha la unidad del impulso de la productividad, "la izquierda y los sindicatos temblamos".
Los primeros pasos del plan
El vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, en su defensa de la convalidación
del decreto, afirmó que "hay que trabajar todos en la misma dirección", y destacó su importancia para avanzar
en los objetivos de la estrategia de Lisboa y lograr una mayor eficiencia en el funcionamiento de la economía.
Solbes expuso las medidas dinamizadoras de la economía que afectan a distintos sectores como el energético,
telecomunicaciones, distribución de tabaco, servicios postales, mercados financieros, transporte o vivienda.
En materia de energía, recordó la decisión de crear la figura del operador "dominante" para cada uno de los
mercados en el sector energético, que incluirá a los grupos con una cuota de mercado superior al 10%, lo que
supondrá que sufrirán "una regulación de cierto tipo de actividades" que el Ejecutivo todavía no ha desarrollado.
En este ámbito, resaltó la opción del Gobierno de excluir a las empresas que actúan como gestores técnicos de
los distintos sistemas (Red Eléctrica en el caso de la electricidad, Enagás en el del gas y CLH en el de carburantes)
de la lista de operadores principales.
Otras cuestiones contenidas en este programa dinamizador de la economía van dirigidas a desarrollar un plan de
modernización y reestructuración del sector público empresarial con el objetivo de aumentar su eficiencia. El
Ejecutivo se plantea diseñar una nueva estrategia para el sector público empresarial, para el grupo SEPI y el
grupo Patrimonio, así como para el resto de participaciones públicas empresariales. Para ello, el Gobierno
pretende elaborar un código de buenas prácticas en empresas públicas, que se elevará en tres meses al Consejo
de Ministros.
Además, el Plan de Dinamización también trata la distribución del tabaco, lo que permitirá a los propietarios
de los estancos traspasar estos establecimientos a personas que no sean familiares de los titulares, con la
finalidad de facilitar el desarrollo de la iniciativa empresarial. En este campo, el Gobierno pretende reducir
asimismo a 25 años el plazo de las concesiones, así como de las que se transmitan, para aportar transparencia,
flexibilidad y racionalidad en el mercado de tenencias de expendedurías. En la actualidad, las concesiones
son de duración indefinida.
La debilidad del sector exterior
En las advertencias sobre los problemas de competitividad de la economía española que hacía días atrás el
director gerente del FMI, Rodrigo Rato, durante una visita a España, podría haber quién viera el mensaje del
antecesor de Solbes en el Ministerio, pero el propio ministro socialista ha reconocido varias veces estas
dificultades, y el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, insistía este lunes pasado en
que el déficit exterior español está ensombreciendo una situación económica "envidiable".
Uno de los grandes caballos de batalla de este Plan de Dinamización es precisamente eso, dinamizar la economía,
hacerla más competitiva frente al exterior. Mientras desde el PP se critica que en la propuesta de Solbes no
haya "una sóla línea" en este sentido, el Gobierno pide calma y reconoce que sus bondades no se verán a corto
plazo. Ya ha advertido de que no va a establecer objetivos cuantificables para valorar el éxito o fracaso del
nuevo Plan de Dinamización, sino que realizará una valoración anual, para ver las nuevas medidas que sería
necesario incorporar.
El déficit comercial español alcanzó en el 2004 los 60.760 millones de euros, con un crecimiento de más del
30% que supone triplicar el ritmo de avance del déficit del 2003. El impulso de las importaciones casi dobló
el de las exportaciones y las ventas al exterior crecieron un 6,3%, más de dos puntos por debajo de lo que
mejoró el comercio mundial. A consecuencia de todo ello, se dobló la necesidad de financiación de la economía,
hasta situarse en el 4,6% del PIB.
Al tiempo, las inversiones directas en España bajaron un 65% y la productividad de la economía, cuya mejora
forma parte de los grandes objetivos que se marcó Solbes para la legislatura, descendió una décima, hasta el
0,6%. En enero pasado, el crecimiento interanual del déficit comercial superó el 50%, con unas exportaciones
creciendo apenas un 1,9% y unas importaciones avanzando casi el 14%.
Expectativas a peor
La situación es compleja. La aportación negativa del sector exterior al crecimiento de la economía alcanzó
en el 2004 los 1,7 puntos, más del doble que el año anterior, y la Comisión Europea no espera que en el 2005
se coloque por debajo de los 1,4 puntos. La fundación de las cajas de ahorros, Funcas, también piensa que el
déficit irá a más.
Bruselas avisa, igualmente, de que el siempre socorrido superávit que aporta el turismo se va a estancar.
El saldo turístico pasó de 29.000 millones de euros en el 2003 a 28.000 millones el año pasado. El PP afirma
que si la situación del sector exterior fuese mucho más equilibrada, la economía española podría llegar a
crecer a tasas cercanas al 4% —frente al 2,6 o 2,7% actual—, y crearía 100.000 empleos adicionales.
Junto al propio Plan de Dinamización, el Gobierno acaba de presentar un plan de choque para reducir el
déficit comercial y mejorar la competitividad. El ministro de Industia, José Montilla, propone crear observatorios
industriales para analizar la situación de los sectores más vulnerables y potenciar los mercados comerciales
no-UE, que en estos momentos apenas representan una cuarta parte de las ventas de España al exterior. |