|
Sobre el «mobbing» o acoso psicológico en el trabajo apenas se conoce la punta del iceberg. Sólo que se trata de una práctica soterrada en el mundo laboral, imperceptible para la propia víctima que lo sufre, aunque sí intuida por el resto de sus compañeros. Las únicas estimaciones existentes apuntan que el 15 por ciento de la población activa ocupada, es decir más de 2,3 millones de trabajadores, padece en alguna o varias de sus manifestaciones este tipo de violencia, la cual, cuando hace verdadera mella en su presa, provoca serias complicaciones en la salud. Los síntomas más frecuentes: insomnio, fatiga, dolores musculares y cefaleas, que se traducen en los peores casos en depresión y cuadros de estrés postraumático.
Los escasos estudios realizados en España han revelado que son los trabajadores de la Administración (seguidos de los del ámbito educativo, sanitaria y de los medios de comunicación) quienes más sufren esta práctica. No en vano, de los casi 2,5 millones de funcionarios empleados en la Administración General del Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, 537.530 (22 por ciento) afrontan a diario situaciones de acoso psicológico y otros 244.332 (10 por ciento) presentan lo que se conoce como «burn out» o «síndrome de estar quemado». Por tanto, uno de cada tres funcionarios (casi 800.000) se ve afectado por esos riesgos laborales psicosociales.
Estudio pionero
Los datos ha sido obtenidos a partir del V Informe Cisneros -«La incidencia del mobbing o acoso psicológico en el trabajo en la Administración»-, que recoge 4.120 encuestas efectuadas a funcionarios del cuerpo técnico de la Agencia Tributaria y de la Intervención General de la Administración del Estado. Las conclusiones confirman el elevado nivel de incidencia de tales prácticas en ese sector, que tiene un 50 por ciento más de probabilidades que el resto de trabajadores de sufrir «mobbing» o el «síndrome de estar quemado».
El estudio, pionero en nuestro país, despeja algunas incógnitas más sobre el acoso psicológico en el trabajo. Para dar cuenta del alcance que conlleva el hostigamiento en el ámbito laboral, el informe señala que hasta «el trabajador inicialmente válido o incluso brillante pasa a ser una sombra de lo que fue». Se transforma en una persona que piensa que todo lo hace mal, que es un desastre y que todos los demás tienen razones para acusarle de sus descuidos. Una situación que reproduce en su vida personal, dejándose llevar por un gran sentimiento de culpa y baja autoestima. Hay casos en los que el «mobbing» además aterroriza y paraliza a grupos de trabajadores a la hora de reivindicar sus derechos laborales.
Celos y envidias
Los motivos que desencadenan un proceso de acoso psicológico resultan tan variados y oscuros como la misma naturaleza humana. En cualquier caso, la víctima siempre se convierte en una gran amenaza. Por ejemplo, el hostigador puede sentir celos o envidia por su capacidad profesional, porque es apreciada por el resto de compañeros, porque no se deja manipular, porque disfruta de situaciones personales o familiares positivas, o porque no ha aceptado solicitaciones de tipo sexual. Pero, también su edad, nivel de idiomas o costumbres pueden despertar la agresión psicológica del agresor. En la encuesta, las víctimas señalaban, sobre todo, como causas de «mobbing» no ceder ante el servilismo, reivindicar sus derechos y la envidia por su buen hacer profesional.
Pero ¿quién o quiénes son hostigadores? El informe dice que el 90 por ciento de los comportamientos de «mobbing» son realizados por jefes a sus subordinados y el 20 por ciento por los propios compañeros de trabajo. En el primer caso, el estudio advierte que, en muchas ocasiones, personas de elevado nivel jerárquico proporcionan instrucciones específicas para iniciar un proceso de hostigamiento contra un empleado en concreto, con el fin de forzarle a abandonar su trabajo. Se emplean así trampas y argumentos que desacreditan su rendimiento y se le acusa de absentismo, errores o baja productividad. Todas las técnicas se dirigen a minarle y destruirle psicológicamente. Otras veces, se le fuerza a un cambio de horario laboral, a un traslado, o a una excedencia; a aceptar condiciones determinadas de prejubilación o una reducción en su salario, y hasta se le intenta obligar a no ejercer su defensa jurídica.
Impunidad para los agresores
Y la institución (llámese empresa privada o pública) «es fuente de impunidad para los verdaderos agresores, frecuentemente personalidades violentas o alteradas, camufladas bajo el aparente velo del servicio a la institución o de la obediencia debida». De hecho, el 74 por ciento de los entrevistados afirmó que el apoyo organizativo a las víctimas es absolutamente inexistente y el 20 por ciento señalaba que resulta bastante escaso.
Estas situaciones provocan en las víctimas efectos a muy diferentes niveles. Su salud psicológica es la primera perjudicada, lo que se puede traducir con el tiempo (y si continúa la agresión) en dolencias físicas que llegan incluso a cuadros depresivos y de estrés postraumático. Problemas que inciden en un incremento del número de bajas laborales. El estudio estima que un trabajador, víctima de «mobbing», se ausenta de su puesto por problemas de salud 34 días al año, mientras que una persona que no sufre acoso psicológico sólo falta 24 días.
La espiral de violencia psicológica del «mobbing» es tal que incluso el 47 por ciento de las víctimas no hace nada por poner remedio a esta situación, e incluso el 15 por ciento «tiende la otra mejilla ante el maltrato».
|