Según un informe de la Agencia Tributaria correspondiente al último ejercicio fiscal, las novedades normativas introducidas en el IRPF han provocado una reducción media del 4% en el tipo aplicable a las retenciones de las rentas del trabajo, además de haber suavizado la tributación de las de capital con la rebaja del tipo impositivo del 18% al 15%.
El organismo dependiente del Ministerio de Hacienda ha calculado que el efecto agregado de ambos fenómenos hará caer alrededor de un 6,5% el tipo impositivo sobre el que cada contribuyente deberá tributar en la actual Campaña de Renta. Como quiera que el efecto de la inflación —por la no deflactación de la tarifa en relación al IPC— hubiera hecho subir la tributación real del impuesto un 2% de no haber mediado la reforma fiscal, la conclusión es que la segunda rebaja del IRPF propiciada por Cristóbal Montoro ha reducido un 8,5% la presión fiscal sobre las rentas de los españoles.
La reducción de las cargas fiscales de los contribuyentes era un objetivo declarado de la reforma fiscal. El otro, era la mejora de la recaudación, en virtud del principio que guió la tesis doctoral del que fuera máximo responsable económico de los gobiernos de José María Aznar y ahora director del FMI, Rodrigo Rato, de que una rebaja en la imposición sobre la renta provoca una aceleración de los ingresos por este concepto.
El coste de la rebaja
Y es precisamente aquí donde parece cojear la última gran reforma fiscal del PP. Al menos eso se deduce de las conclusiones de la Agencia Tributaria, que ha advertido un deterioro sustantivo de la recaudación en 2003 por los ajustes legales introducidos en el Impuesto de la Renta como consecuencia de la reforma fiscal.
No sólo eso. Los técnicos del organismo que ahora preside Luis Pedroche aseguran que el impacto sobre las arcas públicas será todavía más intenso en 2004, cuando se descontarán los efectos en términos de retenciones —la rebaja no se aplicó en el primer trimestre de 2003— y todo lo correspondiente a la cuota diferencial del impuesto.
Los datos dicen que durante el año pasado las arcas públicas ingresaron 46.451 millones de euros por IRPF y que esta cantidad supone un 4,8% más de lo recaudado el ejercicio precedente.
Sin embargo, un vistazo al pasado revela que en 2002 los ingresos por IRPF avanzaron un 7,2% y que en 2001 lo hicieron un 12,5%, aunque fuera en buena medida por el efecto acelerador de la inflación sobre los ingresos nominales.
La inflación no explica, no obstante, por qué la recaudación por Renta avanzó en porcentaje significativamente por debajo del PIB nominal, que creció un 6,7%; y, sobre todo, de la renta bruta de los hogares, que según las estimaciones provisionales realizadas se incrementó un 6,4% y debería haber tenido un impacto directo sobre las bases de los contribuyentes.
La explicación que ofrece la Agencia Tributaria es que el incremento de las bases y la consolidación de la recuperación económica no fueron suficientes para absorber el impacto económico de la rebaja de los tipos de retención, la reducción de la presión fiscal sobre el capital mobiliario, la supresión del peaje fiscal o el adelanto de la devolución a las madres trabajadores con hijos menores de tres años. Sólo ésta última ha supuesto un sobrecoste de 500 millones de euros.
También ha operado en contra de los ingresos del Estado el incremento de las devoluciones, que el pasado año avanzaron un 12,7% hasta los 9.185 millones, especialmente por el retraso acumulado en las correspondientes al ejercicio anterior.
La reforma fiscal ha tenido además otro efecto estructural y es que ha ensanchado las discrepancias entre la aportación a la recaudación del impuesto de las rentas del trabajo, cada vez mayor, y las provenientes del capital.
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