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EXPANSIÓN - FISCAL   

6 de mayo de 2004    


Pedroche abre la reforma de la Agencia Tributaria con un cambio de su cúpula

Carlos Cuesta

Cambian los responsables de la Inspección, Recaudación, dirección del Gabinete y la Delegación Especial de Madrid. El director de la Agencia inicia negociaciones para remodelar el control fiscal.


Los cambios han empezado. La primera frase lanzada por el nuevo director de la Agencia Tributaria, Luis Pedroche, no ocultaba su intención: “Los resultados de la Agencia son insatisfactorios. Debemos reorientar los medios para lograr más eficacia en la pelea contra el fraude fiscal”.

Apenas una semana después de este aviso, los puestos clave de la Agencia han sido remodelados para introducir a nuevos responsables en línea con los planes de Pedroche.

El nuevo director de la Inspección será Carlos Cervantes, hasta ahora subdirector de Tributos, antiguo conocido de Pedroche y viejo experto del Ministerio de Hacienda. Como responsable de Recaudación quedará Julia Atienza, profesional que compartió destino con el nuevo director de la Agencia en su paso por el cuerpo de Recaudación fiscal. La nueva jefa de Gabinete será Marta Gelbenzu, procedente del cuerpo de interventores; y el último cambio lo protagonizará Luis Cremades, que será la cabeza visible de una de las plazas más delicadas en la persecución de la evasión tributaria: la Delegación Especial de Madrid.

Seguirán en sus puestos Ramón Palacín, responsable de Recursos Humanos; Santiago Segarra, como director del área de Informática; Alberto Monreal, en el cuerpo de Gestión, y Luis Benito, en Auditoría Interna.

En el nuevo esquema cambian de nombre las cabezas más directamente responsables de la lucha contra los grandes focos de fraude y del posterior cobro de las deudas descubiertas.

Nuevo esquema

Es sólo el comienzo de la remodelación. Pedroche ha iniciado ya los primeros contactos con los representantes de los distintos cuerpos profesionales de la Agencia. El objetivo es diseñar un esquema de trabajo que permita una mayor coordinación entre los profesionales que combaten el fraude y una mejora de la eficacia. “Vuelve la idea de los equipos de trabajo formados por profesionales de los distintos cuerpos [Gestión, Inspección y Recaudación], un esquema en el que los planes de inspección se puedan relacionar mejor unos con otros y se mejore la capacidad de detección de los infractores y cobro de los pagos debidos”, asegura una fuente de la Agencia.

La frase esconde el deseo de evitar las tensiones y roces que han vivido últimamente los cuerpos de inspectores y de subinspectores y que les ha llevado a una peligrosa falta de coordinación de cara al adecuado control de los impuestos. El propósito pasa ahora por pacificar las pugnas y crear un esquema de coordinación profesional que evite la posible generación de trabas indirectas a determinadas investigaciones. De fondo laten cambios más profundos, como el aumento de la independencia de la Agencia, algo que podría pasar por la creación de un estatuto que reforzase la figura de este organismo.

¿Es eficaz la lucha contra los defraudadores?

Desde las filas populares se defiende que la labor de la Agencia Tributaria ha sido intachable. Desde el nuevo Gobierno de Rodríguez Zapatero la versión cambia bastante. Surgen adjetivos como insatisfacción y se habla de que las cifras de fraude detectadas -unos 12.000 millones de euros al año- no son representativas de la realidad.

En medio de la pelea de versiones, dos datos: el primero habla de la dificultad de cobro de determinadas deudas descubiertas. “Es verdad que se detecta fraude, pero también es cierto que parte de él se atasca en interminables recursos judiciales que dificultan su cobro”, aclara una fuente de la Agencia. La última memoria de este organismo recoge una partida de 7.500 millones de deuda tributaria que, una vez descubierta, sigue sin haberse conseguido cobrar a día de hoy (ver EXPANSIÓN del 20 de abril).

“Los problemas parten en ocasiones de empresas en las que una vez que se ha detectado el fraude, al ir a cobrarlo ya no existe empresa o es insolvente”, aclara otra fuente de la Inspección.

Y el segundo dato: la pelea constante de los distintos cuerpos de la Agencia que no han dudado en reclamar en repetidas ocasiones mejoras salariales y de reconocimiento a Hacienda. En ocasiones, incluso bajo amenaza de huelga. Unas tensiones que no deberían encajar con una lucha contra el fraude eficaz y que año tras año parece haber ido incrementando su capacidad para detectar impagos.



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