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Según el estudio del Banco de España, los cambios del comportamiento financiero de las familias durante la última década se insertan en un contexto macroeconómico muy favorable a las decisiones de gasto de los hogares, como consecuencia de los efectos inducidos por el proceso de incorporación a la Unión Monetaria, que aunaron mejoras en la renta esperada, abaratamiento de los costes de financiación e incremento de la riqueza.
La tasa de ahorro mostró una tendencia descendente durante la segunda parte de la década que llevó a un mínimo ligeramente superior al 9% de la renta bruta disponible durante el 2001, cuando inició una leve recuperación. El "motor" principal del creciente endeudamiento ha sido, según el organismo emisor, la fuerte expansión de la financiación para la adquisición de viviendas, normalmente con hipotecas contratadas a tipos de interés variable (este tipo de créditos suponen el 60% del total).
Crece la riqueza familiar
No obstante, al mismo tiempo se ha producido un importante aumento de la riqueza de las familias, tanto en activos reales, mediante la adquisición y revalorización de viviendas, como en activos financieros, con una pérdida de importancia relativa del efectivo y los depósitos bancarios y un incremento de los instrumentos negociables (acciones, participaciones en fondos de inversión y, en menor medida, reservas técnicas de seguros).
De esta manera, los activos de renta variable han duplicado su peso relativo en la cartera de las familias, hasta el punto de equiparar aproximadamente la participación del efectivo y los instrumentos de renta fija. Por todo ello, las rentas de capital de las familias se han hecho menos sensibles a las variaciones de los tipos de interés, cuya influencia sobre las rentas familiares se ha debilitado considerablemente, aunque en contrapartida se incrementa de forma sustancial la exposición directa a las variaciones en los precios de los activos reales y financieros.
La deuda de las empresas
Por otra parte, el estudio del Banco de España señala que las empresas no financieras han expandido su balance con un perfil parecido al de las familias, pero a un ritmo ligeramente superior, pasando la proporción de los pasivos en relación al PIB del 150% a principios del periodo hasta el 280% según los datos más recientes.
Además, la ratio de endeudamiento de las sociedades no financieras en relación al excedente bruto de explotación ha subido desde cotas inferiores al 250% a mediados de los noventa hasta cerca del 450% al final del periodo, superior a la eurozona.
La composición de los pasivos, aunque se ha visto lógicamente afectada por los efectos de valoración inducidos por las oscilaciones de los mercados bursátiles, ha permanecido relativamente estable, de manera que las empresas han recurrido más a los mercados para la ampliación de los recursos propios mediante la emisión de acciones, pero la financiación ajena ha seguido descansando de forma preponderante en el crédito.
Según el estudio, el desarrollo del sistema financiero español y los cambios en el entorno institucional han contribuido a relajar las restricciones que limitaban la capacidad de las familias y las empresas para distribuir sus decisiones de gasto en el tiempo. Esto ha propiciado que tanto el consumo como la inversión dependan en menor medida de las rentas corrientes y, en cambio, sean ahora más sensibles a las variaciones en su coste de oportunidad y, por lo tanto, en los tipos de interés.
Alteraciones de los tipos de interés
En el caso español cabe esperar que las variaciones observadas en el nivel de endeudamiento y en la composición de los activos de las empresas y, principalmente, de las familias, hayan tendido a reforzar la respuesta del consumo y la inversión de la economía a alteraciones en los tipos de interés y en los precios de los activos reales y financieros.
Las estimaciones realizadas por el Banco de España concluyen que un aumento de los tipos de interés de dos puntos hubiera supuesto en 1990, a lo largo de 3 años, un nivel del PIB inferior en 1,2 puntos porcentuales al del escenario base. La misma perturbación tendría en el 2002 un efecto de 1,8 puntos porcentuales sobre la producción agregada de la economía, debido en su mayor parte al aumento estimado de los efectos riqueza.
De este modo, la evidencia presentada apunta a un probable aumento de la sensibilidad del gasto a los tipos de interés y la riqueza en los últimos años, con efectos potencialmente relevantes sobre el mecanismo de transmisión de la política monetaria. En opinión del Banco de España, cabe esperar que el gasto de una familia se reduzca significativamente si se produce una perturbación que la sitúa en una posición patrimonial frágil. Sin embargo, si esta se encuentra en una situación suficientemente holgada su repuesta será, lógicamente, menor.
En esa dirección apunta, por ejemplo, la evolución del ahorro de las familias. El estudio revela que el ahorro no comprometido, que en 1996 representaba el 8% de la renta disponible, se situaba por debajo del 1% en el 2002 para repuntar ligeramente en los últimos meses. El bajo nivel de este indicador indica que el sector de hogares dispone de un escaso colchón de ahorro para hacer frente a subidas significativas de tipos de interés.
"De hecho —afirma— cabe pensar que si estas se produjeran, un número no desdeñable de familias, que tienen limitaciones para reducir sus tenencias de activos o recurrir a nuevos créditos, pueden verse abocadas a tener que ajustar su consumo —más allá de lo explicable por un simple efecto sustitución— con objeto de poder hacer frente a sus compromisos financieros".
En el caso de las empresas, el endeudamiento y la rentabilidad de las sociedades no financieras afectan de modo significativo a la demanda de empleo y capital. De esta manera, en caso de producirse una elevación de los tipos de interés, la carga financiera que soportan las entidades no solo aumentaría en mayor medida en una situación como la actual que en el pasado, dado que las empresas están más endeudadas, sino que el efecto de este aumento sobre la inversión y el empleo sería más pronunciado.
Así, los efectos de un incremento de 2 puntos porcentuales del tipo de interés sobre la carga financiera —medida como la ratio del coste de la deuda sobre el resultado bruto de explotación— aumenta de seis puntos porcentuales en 1995 a ocho en el 2002. El efecto del aumento de los tipos de interés sobre la inversión agregada pasa de apenas una décima en 1995 a 1,3 puntos en el 2001. Del mismo modo, el empleo se reduciría en el 2001 en más de 1,5 puntos, cuando esta caída apenas llegaba a tres décimas en 1995. |