|
La Asociación Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado, especie de un sindicato más que agrupa al personal técnico que se asocia para defender sus intereses, acaba de comparecer ante los medios de comunicación para denunciar «la falta de voluntad política para controlar el fraude sofisticado», al que, concretan, «no se han dedicado los esfuerzos y los medios necesarios».
Nos sorprende ese tono de reproche, y desde luego nos desconcierta la ausencia de coherencia entre esas manifestaciones y las informaciones que todavía la pasada semana se facilitaron según las cuales la actuación inspectora hizo elevarse en varios miles de millones las recaudaciones de tributos en 2003, e incluso que los expedientes por delito fiscal aumentaron un 55 por ciento.
Propone la APIFE que se disponga que la Agencia Tributaria dependa directamente del Parlamento; a su juicio, «la dependencia del Parlamento en lugar del Gobierno central redundaría en una menor politización de la agencia y permitiría en mejor medida la posibilidad de crear un equipo más profesional y cohesionado que dirigiese con más eficacia la lucha contra el fraude». Y reclama que el director general sea nombrado por el Congreso para un período de cuatro años, y que en el órgano de dirección estén, no sólo a título testimonial, representantes de las comunidades autónomas.
No deja de llamar la atención que se sugiera «una menor politización» cuando la intervención de congresistas y diputados autonómicos acarrearía con toda probabilidad convertir a la agencia, que en este caso asumiría las intrigas de los sectarios partidistas, en el más ineficaz de los instrumentos.
En valoración estricta no se ajusta a la realidad la denuncia de APIFE. En todo tiempo, en efecto, ha perseguido la agencia «objetivos cuantitativos», que no es esa meta que se propongan los presentes rectores, sino que la han recibido como una herencia irrenunciable. Tampoco cabe atribuir a la labor inspectora y a su esfuerzo los éxitos en la lucha contra el fraude, puesto que el uso masivo de la informática ha sido pieza fundamental en el logro.
El comunicado, que rezuma cierto clasismo, elude, según costumbre, recurrir a las opiniones de los contribuyentes, que, por lo que hemos pulsado, añoran las vetustas delegaciones de Hacienda clásicas, más próximas al ciudadano, más humanizadas, más afables, menos tecnocráticas y frías.
|