Hay algo muy cotidiano en la denominada "economía irregular" o sumergida. De una forma u otra, consciente o inconscientemente, todos los ciudadanos participamos en ella. Al pagar sin factura a la asistenta que hace la limpieza, al jardinero que nos recoge las hojas del otoño o al albañil que arregla el cuarto de baño; o al olvidar incluir en la declaración de la Renta aquél pequeño ingreso por haber sido ponente en unas jornadas, o el producto de aquélla bicicleta vendida de segunda mano... En esos momentos, cualquier persona decente y honrada está contribuyendo, quizás sin saberlo, a un fenómeno que genera más del 21 por ciento del PIB en España, y en torno al 15 por ciento de la riqueza global de la Unión Europea.
¿Cómo y para qué se mueve el dinero negro, ese que escapa al control de Hacienda? ¿A quién beneficia, y cual es su aportación al dinamismo económico? Cualquier asalariado dirá que no es tan fácil generar dinero fiscalmente opaco cuando se depende de una nómina, y nuestros movimientos económicos están perfectamente controlados por el Fisco, con la colaboración de la banca. Y, sin embargo, hay sectores en los que el dinero negro fluye como el agua. La Agencia Tributaria, por ejemplo, se ha puesto manos a la obra para controlar la compra-venta de inmuebles, al sospechar que detrás del imparable boom inmobiliario se esconde una descomunal bolsa de fraude.
Porque no deja de llamar la atención el hecho de que, a pesar de la reducción progresiva de los impuestos directos sobre las rentas de trabajo y de capital, la economía sumergida ha crecido, pasando del 15 por ciento del PIB al mencionado casi 22 por ciento, unos 120.000 millones de euros en 2002, según estadísticas de la Comisión Europea. En buena teoría económica liberal, la menor fiscalidad genera una reducción del fraude, al aflorar rentas dispuestas a "blanquearse" en la medida en que baje la presión impositiva.
Y, sin embargo, la economía negra ha crecido. Una razón es el mencionado boom inmobiliario, un tipo de inversiones menos transparentes que las realizadas en valores. El otro es la llegada masiva de mano de obra inmigrante, más predispuesta a dejarse emplear en condiciones de inseguridad y falta de protección laboral. De hecho, según la UE, hay dos sectores que actúan como grandes motores de la economía sumergida, la construcción y la agricultura, precisamente por el uso intensivo que hacen de la mano de obra irregular.
Esta semana, la redacción de Actualidad Económica se ha sumergido -nunca mejor dicho- en el oscuro mundo del dinero negro. Más allá de los informes sobre el tema, hemos bajado a pie de calle, recorriendo comarcas en las que la economía irregular es la norma, y hablando con los protagonistas. Y en pleno endurecimiento de los controles al dinero negro, publicamos en exclusiva el nuevo Reglamento de la Ley de Control de Movimientos de Capitales, que convertirá a bancos y abogados en colaboradores forzosos de Hacienda.
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