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El Banco de España da la razón al Gobierno
en cuanto a la pretendida progresividad del nuevo IRPF, gracias,
básicamente, a que la estructura del impuesto cuenta con una
reducción de los tipos efectivos máximo y mínimo. Sin embargo,
la entidad advierte de que su capacidad redistributiva se
ve "prácticamente inalterada". En cuanto a su efecto económico,
la reforma genera efectos positivos sobre el crecimiento y
el empleo, mientras que supone, al tiempo, una "ligera" reducción
de la capacidad recaudatoria que trae consigo la menor presión
fiscal.
Los expertos del Banco de España establecen una comparativa
para medir el grado de progresividad y redistribución de rentas
del IRPF antes y después de la reforma. El resultado de este
análisis apunta que el nuevo impuesto es algo más progresivo,
con una reducción del tipo efectivo que es menor según va
aumentando la renta del contribuyente. De media, estima que
esta reducción alcanzaría los 1,5 puntos porcentuales. En
cambio, el Banco de España reconoce que la capacidad redistributiva
del impuesto ha quedado "prácticamente inalterada", llegando,
incluso, a reducirse muy marginalmente.
El efecto sobre la economía
El estudio del Banco de España también se atreve a hacer una
valoración sorbe el impacto económico del impuesto, si bien
pide que se tomen con cautela sus estimaciones, ya que no
permiten captar algunos efectos que pueden ser relevantes,
como el nuevo tratamiento fiscal de los instrumentos financieros
y la composición del ahorro resultante, así como la oferta
de trabajo o la progresividad derivada de la reforma. El banco
subraya, por tanto, que los resultados deben interpretarse
como una "primera aproximación" al impacto total de la reforma.

En el informe se propone como escenario base el 2002, año
previo a la puesta en marcha de la reforma, y se establece
una proyección a dos años, el actual y el 2004, durante los
cuales el Banco de España espera que la economía pueda recuperar
su crecimiento potencial. Teniendo en cuenta todo ello, la
reforma del IRPF podría aportar cuatro décimas al PIB en esos
dos años, y casi un punto porcentual a la renta real disponible
de las familias. Esa inyección de liquidez en los hogares
revertiría fundamentalmente en mayor consumo (0,8%), tal y
como esperaba el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, mientras
que añadiría una décima a la tasa de ahorro familiar.
El impuesto apenas provocaría una ligera presión al alza sobre
los precios en el actual contexto económico y, en cambio,
añadirá en torno a tres décimas al avance del empleo. En todo
caso, el Banco de España señala que no está valorando los
"efectos relevantes" que podría tener sobre esta variable
alguna medida concreta que figura en la reforma, como la prolongación
de la vida laboral que van a generar las nuevas ventajas fiscales
por seguir trabajando después de los 65 años, o las ayudas
para las madres trabajadoras con hijos de menos de tres años.
Para las arcas públicas es innegable la merma de ingresos
que trae consigo la reforma. Según el Banco de España, puede
hablarse de cuatro décimas de menos en la proporción de ingresos
sobre el PIB. Pero este efecto negativo será compensado parcialmente
por unas mayores entradas por impuestos indirectos como consecuencia
del empuje del consumo privado y las importaciones, y por
el empuje de las cotizaciones sociales, dada la aceleración
prevista del empleo.
Neutralidad del ahorro, sin mejoras
Otro de los grandes mensajes que en su día lanzó Hacienda
para publicitar la reforma del IRPF fue el avance que supondría
hacia la mayor neutralidad del ahorro, gracias a un tratamiento
fiscal más homogéneo de los instrumentos financieros. En este
punto, el Banco de España cree que no existe tal avance significativo,
si bien reconoce el efecto positivo que tiene eliminar trabas
fiscales a la movilidad en el ámbito de las instituciones
de inversión colectiva, e incentivar el desarrollo de los
sistemas de previsión social complementaria, lo que considera
"muy deseable", dadas las presiones financieras que se ejercerán
en el futuro sobre el sistema público de pensiones como consecuencia
del envejecimiento de la población.
El cambio normativo afecta a casi todos los contribuyentes,
instrumentos financieros y plazos, con lo que la presión fiscal
sobre el ahorro se reduce, pero estos cambios no son homogéneos,
lo que hace que no se favorezca la pretendida neutralidad
fiscal. Así, el instrumento financiero que ha obtenido el
mayor incentivo fiscal con la reforma es el depósito bancario
a largo plazo, mientras que el menor incentivo sería el que
corresponde a los planes de pensiones. En todo caso, estos
últimos seguirían siendo los productos financieros con mejor
tratamiento fiscal para inversiones superiores a dos años,
debido a la reducción de la base imponible de las aportaciones
a fondos de pensiones.
Para las inversiones a más de dos años, también sale beneficiado,
aunque en menor medida, el sector de seguros de vida, y especialmente,
en el ámbito de las rentas más altas. Las participaciones
en fondos de inversión han tenido también un incentivo tributario
importante, ya que, por un lado, las inversiones superiores
a un año son menos costosas y, por otro, se ha suprimido el
denominado "peaje fiscal", que tenía su efecto financiero
negativo en la fiscalidad final.
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