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Estrella Económica - Economía 

3 de junio de 2003  



El Banco de España calcula que el IRPF añadirá 4 décimas al PIB hasta el 2004 sin mejorar la redistribución de rentas

El impuesto tiene una estructura más progresiva con la reforma, aunque no avanza de forma significativa en el objetivo de una mayor neutralidad del ahorro

El Banco de España espera que la renta disponible de las familias mejore casi un 1% en dos años, y que en su gran mayoría se derive al consumo

M. Suchowolski

Madrid

Medio año después de la entrada en vigor de la esperada segunda reforma del IRPF, el Banco de España no termina de convencerse de su impacto en favor de una mayor redistribución de la renta de los españoles. Así queda reflejado en un informe especial que publicó ayer la entidad que preside Jaime Caruana dentro de su boletín económico de mayo. El Banco de España tampoco percibe una mejora significativa en la neutralidad del ahorro, otro de los grandes estandartes de la reforma impulsada por el Ministerio de Hacienda. Para el banco, los elementos más positivos vienen desde el punto de vista puramente económico, ya que calcula que entre este año y el 2004 el nuevo impuesto aportará cuatro décimas al crecimiento del PIB, tres décimas a la creación de empleo y ocho a la renta disponible de las familias, que a su vez revertirá mayoritariamente en el consumo. Cuando el Gobierno hizo la reforma, esperaba una inyección de cinco décimas en el crecimiento económico y 65.000 empleos directos, todo ello sólo en el primer año.

El Banco de España da la razón al Gobierno en cuanto a la pretendida progresividad del nuevo IRPF, gracias, básicamente, a que la estructura del impuesto cuenta con una reducción de los tipos efectivos máximo y mínimo. Sin embargo, la entidad advierte de que su capacidad redistributiva se ve "prácticamente inalterada". En cuanto a su efecto económico, la reforma genera efectos positivos sobre el crecimiento y el empleo, mientras que supone, al tiempo, una "ligera" reducción de la capacidad recaudatoria que trae consigo la menor presión fiscal.

Los expertos del Banco de España establecen una comparativa para medir el grado de progresividad y redistribución de rentas del IRPF antes y después de la reforma. El resultado de este análisis apunta que el nuevo impuesto es algo más progresivo, con una reducción del tipo efectivo que es menor según va aumentando la renta del contribuyente. De media, estima que esta reducción alcanzaría los 1,5 puntos porcentuales. En cambio, el Banco de España reconoce que la capacidad redistributiva del impuesto ha quedado "prácticamente inalterada", llegando, incluso, a reducirse muy marginalmente.

El efecto sobre la economía

El estudio del Banco de España también se atreve a hacer una valoración sorbe el impacto económico del impuesto, si bien pide que se tomen con cautela sus estimaciones, ya que no permiten captar algunos efectos que pueden ser relevantes, como el nuevo tratamiento fiscal de los instrumentos financieros y la composición del ahorro resultante, así como la oferta de trabajo o la progresividad derivada de la reforma. El banco subraya, por tanto, que los resultados deben interpretarse como una "primera aproximación" al impacto total de la reforma.

En el informe se propone como escenario base el 2002, año previo a la puesta en marcha de la reforma, y se establece una proyección a dos años, el actual y el 2004, durante los cuales el Banco de España espera que la economía pueda recuperar su crecimiento potencial. Teniendo en cuenta todo ello, la reforma del IRPF podría aportar cuatro décimas al PIB en esos dos años, y casi un punto porcentual a la renta real disponible de las familias. Esa inyección de liquidez en los hogares revertiría fundamentalmente en mayor consumo (0,8%), tal y como esperaba el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, mientras que añadiría una décima a la tasa de ahorro familiar.

El impuesto apenas provocaría una ligera presión al alza sobre los precios en el actual contexto económico y, en cambio, añadirá en torno a tres décimas al avance del empleo. En todo caso, el Banco de España señala que no está valorando los "efectos relevantes" que podría tener sobre esta variable alguna medida concreta que figura en la reforma, como la prolongación de la vida laboral que van a generar las nuevas ventajas fiscales por seguir trabajando después de los 65 años, o las ayudas para las madres trabajadoras con hijos de menos de tres años.

Para las arcas públicas es innegable la merma de ingresos que trae consigo la reforma. Según el Banco de España, puede hablarse de cuatro décimas de menos en la proporción de ingresos sobre el PIB. Pero este efecto negativo será compensado parcialmente por unas mayores entradas por impuestos indirectos como consecuencia del empuje del consumo privado y las importaciones, y por el empuje de las cotizaciones sociales, dada la aceleración prevista del empleo.

Neutralidad del ahorro, sin mejoras

Otro de los grandes mensajes que en su día lanzó Hacienda para publicitar la reforma del IRPF fue el avance que supondría hacia la mayor neutralidad del ahorro, gracias a un tratamiento fiscal más homogéneo de los instrumentos financieros. En este punto, el Banco de España cree que no existe tal avance significativo, si bien reconoce el efecto positivo que tiene eliminar trabas fiscales a la movilidad en el ámbito de las instituciones de inversión colectiva, e incentivar el desarrollo de los sistemas de previsión social complementaria, lo que considera "muy deseable", dadas las presiones financieras que se ejercerán en el futuro sobre el sistema público de pensiones como consecuencia del envejecimiento de la población.

El cambio normativo afecta a casi todos los contribuyentes, instrumentos financieros y plazos, con lo que la presión fiscal sobre el ahorro se reduce, pero estos cambios no son homogéneos, lo que hace que no se favorezca la pretendida neutralidad fiscal. Así, el instrumento financiero que ha obtenido el mayor incentivo fiscal con la reforma es el depósito bancario a largo plazo, mientras que el menor incentivo sería el que corresponde a los planes de pensiones. En todo caso, estos últimos seguirían siendo los productos financieros con mejor tratamiento fiscal para inversiones superiores a dos años, debido a la reducción de la base imponible de las aportaciones a fondos de pensiones.

Para las inversiones a más de dos años, también sale beneficiado, aunque en menor medida, el sector de seguros de vida, y especialmente, en el ámbito de las rentas más altas. Las participaciones en fondos de inversión han tenido también un incentivo tributario importante, ya que, por un lado, las inversiones superiores a un año son menos costosas y, por otro, se ha suprimido el denominado "peaje fiscal", que tenía su efecto financiero negativo en la fiscalidad final.



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