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EXPANSIÓN - GESTIÓN   

5 de diciembre de 2002    


Juan Pablo Lázaro: "Ahora es el mejor momento para poner en marcha un negocio"

Ruth Ugalde. Madrid

El recorte de las inversiones, la mayor concentración en el negocio central y la disminución de la iniciativa empresarial deja segmentos de mercado al descubierto que “pueden ser aprovechados por personas dispuestas a crear su propia compañía”, comenta Juan Pablo Lázaro, presidente de los Jóvenes Empresarios.


“Para montar una empresa, lo fundamental no es tener una buena idea, sino conocer el mercado y el negocio”. Juan Pablo Lázaro, fundador de la compañía de transporte ASM y presidente de la Confederación de Jóvenes Empresarios, llega a la entrevista con un folio lleno de ideas.

Consciente de que es un hombre activo –“no sé estar quieto”–, considera que la inmovilidad es uno de los cánceres de las compañías. “El mal endémico de las empresas es el miedo a tomar decisiones.

La falta de iniciativa es mucho peor que los errores. Cuando cometes un fallo siempre puedes rectificar pero, si no te atreves a dar un paso, estás dejando escapar una gran oportunidad”.

Liderazgo asociativo

Delegado de curso desde octavo de EGB –actual segundo de la ESO–, Juan Pablo Lázaro comenzó a despuntar en el mundo profesional a los 23 años, cuando creó ASM. En 1998, Aguas de Barcelona compró el ochenta por ciento de la compañía, donde Lázaro continúa como presidente ejecutivo.

A lo largo de su vida profesional ha recibido varios galardones, como el Premio de la Creación de Empleo de la Comunidad de Madrid (1996) o el Premio al Joven Empresario (1997).

Pero su verdadera pasión son los movimientos asociativos. “El día a día de la empresa exige mucha especialización. Esto ha hecho que la gente esté cada vez mejor formada pero, a nivel personal, se ha empobrecido mucho. Las asociaciones permiten no perder esta perspectiva y enriquecen mucho a la gente, porque siempre hay otra persona dispuesta a ayudar en áreas donde posee un mayor conocimiento”.

De hecho, Lázaro no cree en el líder individualista, sino en la gente que es capaz de motivar a sus compañeros. “Nunca he visto un niño que, al nacer, lleve impresa la palabra empresario; porque el líder no nace, sino que quienes le rodean le ayudan a sacar lo mejor de sí mismo”.

No obstante, Juan Pablo Lázaro reconoce que, para ser empresario, “hace falta una pequeña dosis vocacional”.

Buscar el negocio

El líder de grupo del que habla Lázaro necesita algo más que iniciativa para crear una empresa. “Debe tener experiencia en el negocio, conocer los trámites burocráticos y saber cómo funciona el mercado”. Pero, sobre todo, ha de ser capaz de descubrir necesidades no satisfechas.

“Ahora es un buen momento para montar una empresa . En épocas de recesión, las compañías tienden a congelar las inversiones, se centran en su negocio central y no se atreven a tomar decisiones.

Los emprendedores deben aprovechar esta oportunidad para introducirse en segmentos que quedan al descubierto. El negocio no viene a buscarte, sino que debes salir a su encuentro”.

Viajar sin maletas

Pero tampoco basta con encontrar una oportunidad de negocio, sino que hay que saber construir una estructura competitiva. “A los directivos se les paga por pensar, no por trabajar muchas horas en la oficina. Por tanto, han de ser capaces de crear compañías donde lo importante sean los resultados”.

Con estas palabras, Lázaro intenta hacer ver que la clave de las compañías modernas es la flexibilidad.

“Si se nace en momentos de crisis, se está obligado a ser más ágil, mientras que la competencia sigue anclada en su burocracia y en sus tradiciones, por lo que le cuesta más reaccionar. Esta rapidez es una gran ventaja competitiva de los emprendedores que deben mantener a largo plazo”.

Lázaro recurre al ejemplo de los viajes de negocios para explicar esta idea. “¿Qué es mejor, ir con muchas maletas y poco dinero o con mucho dinero y pocas maletas? Yo, desde luego, prefiero lo segundo: no voy cargado con peso, ni estoy preocupado por si me roban..., en cambio, tengo la tranquilidad de poder comprar aquello que necesito”.

Esta flexibilidad es la que debe imponerse en la empresa. “Cuando un grupo está empezando, debe tener el mínimo inmovilizado posible. En cambio, necesita contar con una cultura de cambio y movilidad”.

Para mantener esta espina dorsal, es necesaria una gran preocupación por la plantilla. “La formación y la comunicación son fundamentales para fidelizar a los empleados.

El ritmo de trabajo actual es tan fuerte que, si el empresario no se preocupa porque sus trabajadores se adapten a los nuevos tiempos, estos se terminan quedando anclados”.

Además, invertir en la plantilla se traduce en un mejor ambiente laboral. “Se dan cuenta de que son importantes para la empresa y esto les hace estar motivados”, dice Lázaro.



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