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EXPANSIÓN - OPINIÓN   

20 de noviembre de 2002    


La inflación, en clave positiva

Expansión - Madrid

La escalada de la inflación hasta el 4% ha generado propuestas de algunos expertos, y también de la oposición política, para abrir un gran debate nacional sobre la inflación.


Pero la verdad es que el mundo actual es tan complejo que estas iniciativas que suenan tan bien son muy poco prácticas, es decir, no valen para nada. Los agentes económicos, incluido el Gobierno, se mueven en función de incentivos, de signo positivo o negativo, y no es pensable que reaccionen mejor tras un debate difícil de instrumentar, que siempre entrañará el riesgo de quedar enfangado en la demagogia, y que si sale conforme al objetivo deseado, ha de desembocar en la conclusión de que todos nos portemos un poco mejor porque la inflación es una suerte de impuesto que perjudica a los más pobres.

Pero ¿quién, finalmente, se portará mejor de manera desinteresada? Nadie. ¿Es esto malo o bueno? Paradójicamente, es bueno. Lo positivo de haber alcanzado la cota del 4% de inflación es que ha puesto a todo el mundo en guardia, es decir, ha generado un incentivo real a movilizarse. El primer concernido por el problema es el Gobierno, porque parecer cómplice de una subida de precios es malo desde el punto de vista electoral. Los más afectados, como siempre, son los empresarios, porque la inflación merma la competitividad exterior, complica la negociación colectiva y entraña el riesgo de adoptar decisiones laborales poco eficientes.

La incógnita del momento es, pues, cómo reaccionarán los agentes afectados ante la amenaza de la inflación. Los empresarios, que al fin y al cabo se juegan su cuota de mercado y su cuenta de resultados, son siempre una garantía a este respecto.

Pero es muy importante que la patronal CEOE, que es punto de referencia para muchos de ellos, haga la máxima presión para desaconsejar subidas salariales excesivas o la firma de cláusulas de revisión que pueden ser letales en estos momentos. ¿Será capaz? Lo cierto es que haber pasado por alto nuevos convenios con aumentos de sueldo cercanos al 4%, en contra del compromiso por la moderación que CEOE esgrimió como contrapartida para abortar la reforma de la negociación colectiva, es un precedente negativo de cara a su obligado papel como agente estabilizador de la economía.

Pero no hay que perder la esperanza: el 4% puede hacerle cambiar de opinión. ¿Y el Gobierno? Lo cierto es que el margen del Ejecutivo es estrecho. Podría, y esto sería clave para enfriar la inflación, recortar el gasto público, pero no lo va a hacer porque es electoralmente nocivo a corto plazo. Pero puede, y debe, aprovechar el mal dato de octubre para aumentar el grado de liberalización de la economía. Por ejemplo, en los asuntos relacionados con la vivienda y los alquileres. Por ejemplo, en lo relativo a los horarios comerciales y el aumento del volumen del sector.

Nada de esto arreglará la inflación a corto plazo, casi todo planteará conflictos de competencias con las autonomías, pero todo ello contribuiría a mejorar la eficiencia del sistema económico, que también es clave.



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