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EL NUEVO LUNES - SUS SEÑORÍAS   

Nº 997. 27 de mayo de 2002    


IRPF: el Gobierno descalifica una reforma que tampoco entusiasma al PSOE

Federico Castaño.


Los principales mentores de la alternativa fiscal del PSOE tenían descontado que diputados como Francisco Fernández Marugán, José Borrell o Carlos Navarrete criticarían el optimismo con el que el responsable de Economía de su partido, Jordi Sevilla, defendería a puerta cerrada, en la reunión del grupo parlamentario, el texto elaborado por casi una veintena de expertos. El ataque fue esperado: el tipo único es un proyecto indefendible desde la izquierda, resultará poco menos que imposible aportar progresividad al impuesto y supondrá un duro golpe para la credibilidad del proyecto socialista. Menos esperado era por los defensores de esta reforma que el propio José María Aznar aprovechara una pregunta dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero sobre el desboque de la inflación para descalificar con brío las ventajas que esta alternativa tributaria aportaría a las rentas más altas en caso de ponerse en práctica.

Los primeros análisis efectuados por el equipo económico del Gobierno, con Rodrigo Rato y Cristóbal Montoro a la cabeza, concluyen que se trata de una propuesta fiscal muy fácil de combatir, al menos desde el prisma político. Al vicepresidente segundo tampoco le han hecho falta demasiados estudios para descalificarla a su estilo: Esta es la reforma que quieren los bancos, le ha venido a decir a los diputados socialistas, a sabiendas de que en su filas no todos se han puesto firmes ante el tipo único con matices que defiende Sevilla y que, incluso en algunos casos, esta fórmula no provoca el más mínimo entusiasmo.

El hecho es que el Gobierno ha utilizado este frente contra el PSOE en la misma sesión de control en la que el presidente ha tenido que responder a dos preguntas sobre la huelga general anunciada por los sindicatos y el vicepresidente segundo a seis más sobre la confluencia entre intereses públicos y privados, los flecos que aún colean de los casos Gescartera y BBVA y el empeoramiento de algunos indicadores económicos. Después de lo visto no cabe duda de que la coordinación del Ejecutivo y su grupo parlamentario, orquestada a través de los "maitines" de los lunes, funciona casi a la perfección. Pío Cabanillas, Francisco Álvarez-Cascos, Juan Carlos Aparicio, Cristóbal Montoro y Luis de Grandes han sido los primeros en exhibir la estrategia destinada a convertir a Zapatero y al PSOE en instigadores principales de la movilización sindical y a situarlo, por tanto, al margen del discurso constructivo y moderado que con tanto esfuerzo ha intentado construir el líder socialista desde que en julio de 2000 fue aupado a esta responsabilidad.

En las filas del PSOE se mantiene sin ambages que Aznar carece de escrúpulos a la hora de culpar de la protesta que se avecina a los intereses electorales de Zapatero. Pero ahí están en su contra las reuniones mantenidas por éste con José María Fidalgo y Cándido Méndez, la mayor parte de ellas de forma discreta, y también la progresiva justificación de los motivos que ambos aducen para salir a la calle. Todo ello va a ser aprovechado por el Gobierno para amortiguar el posible coste político de la movilización, aunque todavía queda un mes para que se haga realidad y aún hay tiempo para que Aznar prepare su intervención de julio en el debate sobre el Estado de la Nación frente a un horizonte bien distinto, condicionado, tal vez, por la posible crisis de Gobierno, el también posible acuerdo sobre Gibraltar y la coronación de la presidencia comunitaria. Son, todos ellos, capítulos por escribir.