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EXPANSIÓN - ECONOMÍA   

27 de mayo de 2002    


Hacienda desbarata el uso de empresas instrumentales para eludir impuestos

C. Cuesta - Madrid.

Hacienda ha aprovechado la nueva reforma del IRPF para lanzar un duro ataque contra el uso de sociedades fraudulentas con las que rebajar ilegalmente el pago del Impuesto sobre la Renta.


El nuevo IRPF, que entrará en vigor el próximo 1 de enero, aumenta el control y endurece la tributación de los principales instrumentos empleados por los contribuyentes para eludir el pago fiscal.

Hacienda aprovechará el nuevo Impuesto sobre la Renta para lanzar un duro ataque contra el uso fraudulento de sociedades instrumentales. La reforma del IRPF recién planteada por el Gobierno incrementará el control y endurecerá la tributación de algunos de los sistemas que han sido detectados como las fórmulas más habituales de ocultación de ingresos al Fisco.

El plan de Hacienda estrechará el cerco sobre el uso de estructuras empresariales diseñadas para escapar de forma ilegal a los tramos más altos del IRPF y pagar, en cambio, el tipo del Impuesto sobre Sociedades, claramente más beneficioso. A través de este sistema, contribuyentes con ingresos elevados consiguen camuflar sus rentas personales y hacerlas pasar por rendimientos obtenidos por la empresa.

La ventaja lograda con este sistema es sensible: frente al tipo máximo actual del IRPF, del 48%, el tipo del Impuesto sobre Sociedades se sitúa en el 35%. Aunque la reforma del IRPF, que entrará en vigor el próximo 1 de enero, reduce el tipo máximo de este impuesto desde el 48% hasta el 45%, el beneficio obtenido al ocultar rentas en una sociedad seguirá siendo de 10 puntos. Con esta estrategia, Hacienda ha modificado por completo el régimen fiscal de las sociedades patrimoniales.

Camuflaje de ingresos

Este tipo de sociedades, pese a ser legales, se han convertido en uno de los sistemas más usados para camuflar, ya ilegalmente, los ingresos de contribuyentes que deben pagar el tipo más alto del Impuesto sobre la Renta.

La fórmula empleada consiste en trasladar patrimonio a una sociedad y, una vez creada la patrimonial, hacer pasar por rendimientos de la sociedad los ingresos que realmente ha obtenido el contribuyente con su trabajo personal. Así se reduce el tipo a pagar desde el 46% hasta el 35%. El perfil de los contribuyentes que acuden a este sistema suele ser el de personas con ingresos de más de 120.000 euros anuales.

La reforma fiscal del Gobierno llevará el tipo máximo de estas sociedades desde el 35% hasta el 40% para los rendimientos generales. Además, atajará el fraude provocado por la deducción de gastos falsos en estas sociedades. El sistema fiscal actual permite deducir los gastos provocados por el negocio. Esta posibilidad ha abierto la puerta a la deducción de gastos que, lejos de ser necesarios para la empresa, realmente son compras personales de los socios o incluso pagos falsos.

La reforma del IRPF acaba con esta posibilidad: a partir del próximo año la base imponible de la sociedad –ingresos menos gastos– se deberá calcular según la regulación del IRPF y no, como ocurre ahora, según el Impuesto sobre Sociedades. Así, frente a las posibilidades prácticamente ilimitadas de deducción de gastos del Impuesto sobre Sociedades, el IRPF, prácticamente no permite deducir gastos.

Hacienda ha hecho caso de las advertencias lanzadas por la comisión Lagares sobre lo que este grupo de expertos calificó como “uno de los principales orígenes de las grandes tramas de fraude: los módulos”. Este grupo de técnicos convocados por el ministerio para diseñar la reforma del IRPF advirtieron que “es necesario reducir el número de actividades que tributan en el régimen fiscal de módulos [...] y limitarlo a los casos estrictamente necesarios”.

Los expertos subrayan en su informe que el régimen fiscal de módulos exige un nulo control de las facturas y origina cadenas de fraude fiscal que saltan a otras empresas. Los expertos destacan, además, que este sistema regula el pago de unas cantidades fijas por el impuesto, independientemente del nivel de ingresos del contribuyente. De esta forma, se han convertido en unos negocios idóneos para camuflar ingresos, puesto que tras hacerlos pasar por rentas de la empresa, no deben tributar.

Hacienda ha optado por excluir del régimen de módulos a uno de los sistemas que más confusión origina en el control fiscal: las comunidades de bienes. Esta fórmula permite unir patrimonios de varios contribuyentes con el fin de gestionar un negocio de forma conjunta. Con este sistema, los puntos débiles en el control de los módulos se multiplican, puesto que se mezclan patrimonios e ingresos de varios socios. Con la nueva ley, estas empresas deberán tributar por el régimen normal del IRPF –con lo que su tipo podrá llegar hasta el 45%­– o asumir la disciplina de control fiscal y de las facturas que exige el Impuesto sobre Sociedades.

‘Trust’ y ‘partnership’

Hacienda ha estrechado el cerco sobre dos sistemas más: los trust y el régimen de partnership, dos fórmulas que se han empleado de forma fraudulenta para sacar del país rentas sin la supervisión de Hacienda.

Los trust son sociedades, localizadas en el extranjero, en las que se deposita un patrimonio. Los socios obtienen sus beneficios en forma de rentas que se les envía periódicamente. Los casos detectados en los que se han usado trust para unir patrimonios bajo nombres ficticios han aconsejado estrechar el cerco.

El partnership, por su parte, permite a una sociedad extranjera contar con socios internacionales en otros países.

Los socios perciben, así, rentas desde el extranjero. Se trata de un sistema muy extendido entre firmas americanas de consultoría, auditoría y abogados, que nombran socios internacionales en otros países y les pagan desde Norteamérica.

Las posibilidades de perder la pista de los ingresos o de las cantidades realmente pagadas han llevado a Hacienda a obligar al contribuyente, con el nuevo IRPF, a realizar estimaciones anuales de los ingresos percibidos y pagar por ellos cada año, independientemente de que realmente haya recibido los ingresos o no. Ahora sólo se declaraban cuando se recibían, lo que abría la puerta a perder por completo la pista de los pagos.