-¿Qué opinión le merece el escándalo protagonizado por BBVA y la vinculación con el secretario de Estado de Hacienda, Estanislao Rodríguez-Ponga, en su calidad de antiguo asesor fiscal del banco?
-No debemos identificar la asesoría fiscal con la elusión de impuestos. El trabajo de asesoría fiscal en los grandes bancos reside exactamente en lo contrario: en el cumplimiento de las obligaciones fiscales, tratando de buscar, eso sí, el mejor uso de las posibilidades de la legislación tributaria y eso es perfectamente legítimo. Pero lo que no puede ser es que lo ocurrido en BBVA, donde se han generado unas cuentas ocultas desde una determinada división de la empresa, se generalice para decir que el sector financiero español se dedica a crear productos opacos. La asesoría fiscal de una entidad financiera no es una fuente de promoción de delitos fiscales, sino al revés. No se puede decir que por haber trabajado en la asesoría fiscal de un banco, de ahí se desprenda que una persona sea sospechosa.
-¿No existe el riesgo de que la elusión de impuestos a gran escala pueda ser una práctica más extendida en España de lo que pensamos?
-El caso BBVA es espectacular por la relevancia de las personas que lo han protagonizado, sin duda alguna, pero es singular. No estamos hablando de un sistema generalizado de ocultación de rentas a la Hacienda Pública. Ni entiendo que los sumarios de la Audiencia Nacional hayan estado siguiendo procedimientos generalizados de evasión de impuestos, sino que el origen del caso es el seguimiento de las comisiones de la Expo 92, lo que tenía también una raíz política, como también puede haber una relación política con la salida de las cuentas en el año 1987, lo que corresponde a las autoridades políticas de aquel momento.
-¿No son comparables, entonces, las responsabilidades políticas del caso Gescartera con las de BBVA?
-El caso Gescartera no tiene nada que ver con el del BBVA. En Gescartera se produce un presunto fraude y estafa, donde hay una relación familiar entre el ex secretario de Estado de Hacienda y la presidencia de la entidad donde se ha generado el presunto fraude. Por esa razón se produce la dimisión de este alto cargo. En el caso de BBVA no estamos ante una situación análoga. Se trata de un fraude claramente centrado en la dirección de una entidad bancaria, pero no estamos hablando del caso de un fraude en el conjunto de la entidad ni que afecte, ni mucho menos, a los diferentes miembros de dicha entidad bancaria. El secretario de Estado de Hacienda, de hecho, trabajó allí desde finales de 1992 hasta principios de 1997 en BBVA y luego fue directamente a la competencia, por lo que digo yo que si hubiese estado tan implicado en un caso de tanta envergadura no se hubiera ido acto seguido a la competencia. Estamos ante un asunto de relación estrictamente profesional y ésa es la diferencia.
-¿No teme que el caso BBVA pueda llegar a provocar la salida del secretario de Estado de Hacienda?
-Por lo que yo conozco hasta el día de hoy, no.
-¿Le preocupa que esta atmósfera que se está generando acabe con la práctica de incorporar a la Administración profesionales de reconocida experiencia en la empresa privada?
-Las decisiones de nombramientos han estado guiadas por el deseo de traer a la Administración a personas que habiendo sido funcionarios hubiesen trabajado en el sector privado, porque eso permite la doble perspectiva de empresa y Administración que, en mi opinión, se ha convertido en una de las claves del éxito de la política económica de este Gobierno. El Ministerio de Hacienda tiene personas que han estado en el área privada y otras que no. Han pasado por el sector privado los que van a impulsar reformas que conciernen al particular y la empresa privada. Por ejemplo, en el área de Presupuestos no necesito este tipo de profesional. Ésta es la misma política que seguí ya cuando estuve en la Secretaría de Estado de Economía. Alguno ha salido mal y otros han salido bien, como todo en la vida. Pero lo fundamental es el resultado de esas gestiones y el resultado es enormemente positivo. Hacienda ha equilibrado las cuentas públicas, ha establecido un nuevo sistema de financiación autonómica, ha cerrado el concierto económico vasco, ha promovido la ley de equilibrio presupuestario, ha diseñado la reforma fiscal, se han cosechado amplios éxitos en la Agencia Tributaria... Hemos hecho una gestión que ahí está y eso no se puede cuestionar o confundir con el éxito o el fracaso de un nombramiento. Yo me puedo equivocar en determinados nombramientos, pero lo que me preocuparía es que me equivocase en el planteamiento de las políticas, pero nada parece indicar que haya ocurrido tal cosa. Sería, por tanto, un auténtico error que la divulgación de estas sospechas acabase cerrando la puerta de la Administración a profesionales del sector privado. El país necesita una elite de funcionarios, entendida desde el punto de vista de grandes profesionales, pero también necesita a profesionales de la empresa, porque si no estaríamos segregando la política de la realidad social, abriendo una brecha que podría hacer fracasar las políticas económicas. Me inquietan este tipo de generalizaciones que se están haciendo, porque pueden condicionar mucho las políticas del futuro.
-¿Le preocupa que el escándalo de BBVA erosione la conciencia de los contribuyentes, justo ahora que se inicia la campaña de la declaración de la renta?
-No tiene nada que ver. Nadie está cuestionando que el secretario de Estado de Hacienda haya hecho algo incorrecto en su actual cargo. La política de la Agencia Tributaria, además, está cada vez más volcada en el control de los grandes focos de fraude. Cada vez se dedican menos recursos de la Inspección al control de asalariados de bajo nivel de renta, y más para inspeccionar áreas donde potencialmente hay más fraude.
-¿Considera necesaria la incorporación de reformas legales para incrementar los controles que eviten casos como el de BBVA, como ya ocurrió con Gescartera?
-Creo que no es necesario. Lo que se hizo en 1987 hoy habría sido bastante más difícil hacerlo.
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