El Ejecutivo confía en que las empresas españolas reactiven la economía. Si hace algunos días el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, presentaba unos Presupuestos Generales que no hacían demasiadas concesiones a la difícil coyuntura, el paquete de medidas fiscales que ha incorporado a la Ley de Acompañamiento trata de hacer frente, precisamente, a la desaceleración en la que está entrando la economía española.

Montoro intenta evitar que el tejido empresarial nacional pierda comba, y por eso lanza un balón de oxígeno. La presión impositiva que soporta el 90% de las empresas españolas disminuirá, ha dicho el responsable de la cartera de Hacienda.
 Ahora está por ver que los ingresos tributarios que va a dejar de percibir el Estado le permitan mantener el tan alabado equilibrio presupuestario. El ministro de Hacienda ha asegurado que los Presupuestos que presentó a finales del mes pasado en el Congreso contemplaban ya la aplicación del paquete de medidas fiscales, de forma que la disminución de un 12% en la previsión de ingresos tributarios para 2002 se debe, además de al trasvase de competencias a las Comunidades Autónomas, a este as que Montoro guardaba en la manga.

En 2002 las matrices de varias compañías reducirán probablemente su participación hasta un 15% en aquellas filiales menos rentables, deshaciéndose de activos poco atractivos para reinvertir en su actividad productiva sin miedo a la tributación de las plusvalías generas. La reforma va a variar el cálculo de la base imponible para incentivar a las empresas a afrontar políticas de inversión. La modificación del sistema de ponderación de algunos conceptos va a hacer más atractiva la internacionalización y las inversiones que se realizan en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i). También aumentarán las contribuciones a planes de pensiones individuales y de empleo de trabajadores y empresarios. Este desvío de una parte de los salarios hacia las pensiones ayudará, sin duda, a atenuar uno de los males de la economía española, las tensiones inflacionistas.

España no puede esperar esta vez que un entorno favorable internacional le ayude a salvar la situación. Las cosas, de momento, están bastante peor en el exterior. Alemania es el enésimo país que ha revisado a la baja su previsión de crecimiento para este año, y seguramente no sea el último en hacerlo antes de diciembre. El Ejecutivo apuesta porque el sector empresarial se convierta en el espolón que dinamice la economía española y provoque su rebote al alza.

Un mayor alivio tributario para las compañías nacionales podría hacer factible la creación de los 278.000 nuevos puestos de trabajo para 2002 que prevé el Gobierno, cifra que hasta el anuncio de la reforma fiscal parecía inalcanzable.

En cualquier caso, ésta es la avanzadilla de la futura ley del Impuesto Sobre Sociedades, la reforma del IRPF y la posible supresión del Impuesto de Actividades Económicas. Parece que las voces de muchas empresas que clamaban por una reforma fiscal están siendo escuchadas. |