Los Ministerios de Hacienda europeos asisten con pavor al
aumento de la venta de bienes digitalizados desde fuera de la UE. A
través de su conexión a Internet, los consumidores europeos pueden
importar sin pagar IVA y sin infringir la legalidad desde el último
grito en programas de ordenador hasta la más reciente versión de un
rap de Eminem. Y lo están haciendo.
El vacío legal también ha disparado las alarmas de las empresas
europeas que sufren sin resignación esta desventaja competitiva
frente a sus rivales no comunitarias, sobre todo, las
estadounidenses. La patronal europea (Unice) y grupos de presión
creados ex profeso (en los que figuran multinacionales de la talla
de Unilever, Siemens o Deutsche Post) presionan a los Quince para
que aprueben, de una vez por todas, la directiva sobre imposición
del IVA al comercio electrónico, en la que trabajan desde el 3 de
abril de 1998.
El acuerdo estuvo próximo el pasado mes de junio, pero Londres lo
frustró. El ministro de finanzas británico, Gordon Brown, se niega a
dar el beneplácito a una propuesta que, en su opinión, puede desatar
las iras de EE UU, donde no se grava fiscalmente al comercio
electrónico. El Reino Unido prefiere una solución internacional que
surja de la OCDE, pero en ese foro internacional los trabajos sobre
esta materia apenas acaban de comenzar. Su reciente conferencia
sobre "fiscalidad en el mundo electrónico", celebrada en Montreal en
junio, reconoció la "necesidad de mejorar la capacidad de las
Administraciones de hacienda en la identificación de los
contribuyentes que actúan en el comercio electrónico", según se lee
en las conclusiones. Pero la OCDE sólo se ha marcado de momento el
objetivo de seguir trabajando en la materia.
Las discusiones también pueden agriarse en el seno de la UE,
donde, además de la oposición de Londres, falta por determinar el
tipo de IVA que se impondría a los bienes digitalizados. Unice aboga
por un tipo único en todo el territorio de la UE, tanto para las
empresas europeas como extracomunitarias. Pero la CE no es demasiado
partidaria de aumentar aún más la dispersión de tipos de IVA, que ya
oscilan entre el 15% de Luxemburgo y el 25% de Suecia y Dinamarca.
El Ejecutivo comunitario parece inclinarse por el tipo de IVA que
corresponda al domicilio fiscal de la empresa, obligando a las
empresas extracomunitarias a domiciliarse fiscalmente en algún
Estado miembro. Luxemburgo parece que se convertiría en la opción
más codiciada, por lo que la UE ya trabaja en un posible sistema de
reparto de los ingresos fiscales que obtenga por esta vía el
Ministerio de Hacienda del Gran Ducado luxemburgués.
Pero atrapar fiscalmente el mundo virtual plantea aún más
quebraderos de cabeza al Consejo de Ministros de Finanzas de la UE.
Determinar el origen de un bien o servicio en el espacio
cibernético, o, incluso, el lugar donde radica el proveedor, resulta
mucho más complicado que en el mundo real. La UE debe resolver
todavía si el domicilio de un servidor de Internet, por ejemplo, es
el que cuenta a efectos de imposición de IVA.
La moratoria fiscal de EE UU caduca
Por su parte, EE UU hace ya casi tres años que impuso una
moratoria fiscal en el acceso a Internet. A esto se añade que según
una decisión del Tribunal Supremo de 1992, los Estados no pueden
obligar a las empresas que no tengan una presencia física en el
Estado a recaudar los impuestos de venta locales. Lo que significa
que para todos los efectos prácticos las ventas por Internet no
están sometidas a impuestos. La decisión del Tribunal Supremo fue
tomada pensando en las empresas que se dedican a la venta por
catálogo pero es aplicable a las ventas a través de la Red.
Esta situación ha sido positiva hasta ahora, ha ayudado al
comercio electrónico a florecer y ha sorteado los problemas
logísticos que parecía causar el hecho de que diferentes Estados
tuviesen distintos impuestos.
El próximo octubre vence esta moratoria fiscal pero los políticos
americanos no consiguen llegar a ningún acuerdo. Discuten no sólo si
deben gravar el acceso a Internet, sino también si deben cobrar los
impuestos por las ventas por Internet y, si se hace, cómo efectuarlo
sin que esto suponga una gran carga para las empresas, especialmente
las pequeñas.
La discusión no es banal porque, según la Conferencia Nacional de
Legisladores Estatales (NSCL en sus siglas en inglés), en el año
2003 los Estados habrán dejado de recibir 23.000 millones de
dólares, al no cobrar los impuestos de las ventas por Internet.
Por meses se ha estado debatiendo la posibilidad de reformar los
impuestos locales, hacer las categorías de Estado a Estado más
homogéneas y equiparar, en lo posible, las cargas fiscales. Pero
todas estas conversaciones no han llegado, por ahora, a buen puerto.
Se ha estudiado la idea de cambiar el complejo sistema de impuestos
estatales por un solo impuesto a tipo fijo, cuya recaudación iría al
Estado donde el comprador reside, pero tampoco parece probable que
se imponga. La propuesta es complicada y, además, no ilusiona a
nadie.
Robert Comfort, vicepresidente de Amazon, afirmó en el Congreso
que aunque "tener el mismo tipo impositivo a nivel nacional para las
ventas realizadas a través de Internet sería buena idea, pero no
creo que sea necesario". Lo cierto es que tiendas virtuales grandes,
como la de Amazon, podrían aplicar sin problemas distintos tipos
impositivos dependiendo de dónde está el consumidor, lo mismo no se
puede afirmar de las pequeñas empresas de la Red.
Algunos comerciantes se quejan de que el actual sistema es
discriminatorio, ya que la exención del pago de impuestos favorece a
aquellos que venden a través de la Red en detrimento de los que
tienen establecimientos en la calle. El gobernador republicano de
Wyoming, Jim Gerringer, es uno de los firmes defensores del cobro de
impuestos por las transacciones comerciales realizadas a través de
Internet. Gerringer ha llegado a sugerir que empresas tradicionales
están transformándose en negocios a través de la Red con la
intención de beneficiarse al evitar pagar los impuestos locales.
En lo que sí parece haber consenso entre los gobernadores es en
su apoyo por extender la moratoria que exime a los consumidores del
pago de impuestos por el acceso a Internet. Pero su apoyo no es
gratuito. A cambio quieren que el Congreso les permita cambiar el
sistema de impuestos en las ventas virtuales haciendo posible que
los Estados puedan imponer impuestos locales en estas ventas. Esta
posición se ha hecho aun más clara este mes, cuando 40 gobernadores
han mandada una carta al congreso.
Pero como es de esperar no todas las voces piden que se grave el
comercio electrónico con impuestos. Jane Swift, gobernadora de
Massachusets, afirma que el sector no está consolidado y que en
medio de la crisis no es un buen momento para imponer el cobro de
impuestos locales. La gobernadora demócrata de New Hampshire, Jeanne
Shannen, se ha mantenido al margen del debate y no ha firmado la
carta al Congreso, ya que su Estado no impone ningún impuesto local
en las ventas.
Y es que la estructura de los impuestos varía de Estado a Estado,
y esto hace que mientras que para algunos este debate no sea
primordial, para otros es de gran importancia. Por ejemplo, el 40%
de los impuestos que llegan a las arcas de Tejas vienen vía impuesto
de venta de bienes.
Por ahora hay varias propuestas esperando ser aprobadas, lo más
probable es que se apruebe otra moratoria fiscal. Lo que queda aún
abierto al debate es la duración de esta nueva excepción y, si tal y
como proponen algunos, la moratoria debe hacerse permanente y la
exención de impuestos convertirse en ley.
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