Este verano nos ha proporcionado algunos indicadores que muestran que la demanda interna sigue animada. Los altos crecimientos en las ventas de automóviles y un déficit comercial que en los siete meses transcurridos era todavía superior al del año pasado son algunos signos de que el enfriamiento no ha hecho todavía mella en el consumo y la vivienda tal como, lamentablemente, ha hecho ya en la inversión empresarial.
Sin embargo se han publicado otros indicadores como, por ejemplo, la evolución de las exportaciones, que muestran un espectacular descenso en su ritmo de crecimiento a lo largo de los últimos meses. Los descensos en las tasas anuales del índice de precios al consumo (IPC) y del índice de precios industriales (IPRI) pueden interpretarse, si se es optimista, como un fruto positivo del deterioro en el crecimiento.
Finalmente, anteayer conocimos las cuentas del Estado hasta julio pasado. Todas sus cifras -ingresos, gastos y déficit- muestran que el Estado ha cogido lo que se podría calificar de un buen resfriado. En efecto, como se sabe, el año pasado se cerró el ejercicio con un déficit de caja de 404.000 millones de pesetas y el objetivo para este año 2001 era cerrarlo con 241.000 millones de déficit.
Sin embargo, mientras el año pasado el déficit acumulado hasta julio fue de 898.000 millones de pesetas, este año ha superado hasta la fecha la cota del billón, para alcanzar la cifra de 1.513.000 millones de pesetas. El déficit acumulado, medido en términos de PIB, ha experimentado un salto desde el 0,9% de julio 2000 al 1,4% en julio de este año. ( Estos datos no se mencionan en la nota El Gobierno informa, facilitada a los medios el jueves, pero el lector interesado puede comprobarlos en In-ter-net: igae.minhac.es/sga-cesp/index
El aumento en el déficit del Estado es el resultado de la combinación de un nulo crecimiento de los impuestos indirectos y un aumento en los gastos por encima de lo presupuestado, síntomas típicos de la caída del crecimiento del PIB. Es verdad que ha habido un aumento de las devoluciones pero, aunque se calcule homogéneamente, el IVA crece a un anémico 2%. Y en cuanto a los gastos, incluso si se calculan sin tener en cuenta el anormal aumento en el pago de intereses, los crecimientos desbordan lo presupuestado. Los gastos en bienes corrientes, que se suponía iban a descender, están creciendo al 4%, y las transferencias corrientes, que se suponía deberían aumentar un 3%, están aumentando al 7%, por ejemplo.
Si utilizamos el déficit calculado en términos de contabilidad nacional, que corrige los anómalos movimientos de caja, el déficit de este año es también superior al de 2000.
El año pasado el déficit acumulado hasta julio era de 257 millones de euros, mientras que este año los números rojos ascienden ya a 2.251 millones de euros. Si utilizamos la comparación proporcional, que es lo que absurdamente hacía Hacienda cuando el déficit disminuía en vez de aumentar como sucede ahora, el déficit en términos de contabilidad nacional de este año 2001 es ¡un 760% superior al del año pasado! (Esto, como puede suponerse, tampoco se menciona en la nota El Gobierno informa.)
No parece que en los meses que quedan pa-ra acabar el año se pue-da dar la vuelta a estas cifras. La única posibilidad que tendrá el Gobierno de hablar de equilibrio de cuentas públicas es la de tirar de los resultados de la Seguridad Social. Las cuentas de la Seguridad Social están, al revés que las del Estado, bien calientes. Distintos factores, como la reducción en la entrada de nuevos pensionistas por razones demográficas -ahora están entrando a jubilarse las cohortes más reducidas de la pirámide de la población española-, proporcionan unos resultados excelentes.
Esto, obviamente, no ayudará a evitar el deterioro que se está produciendo en las cuentas del Estado a causa de la desaceleración de la economía, pero puede encubrirlo. Basta con olvidarse del objetivo de déficit del Estado y presentar las cuentas globalmente, incluida la Seguridad Social, para que aparezcan equilibradas. Esto es verdad, pero no deja de ser verdad también que -aunque el Gobierno no informe de ello en El Gobierno informa- el Estado ha empezado a mostrar ya los típicos síntomas del enfriamiento.
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