Servicios Financieros del Sur (Sefisur), la agencia de valores
de la que el ex secretario de Estado de Hacienda Enrique
Giménez-Reyna fue consejero y accionista desde principios de los
años noventa hasta su llegada al Gobierno en 1996, figura como
querellada en un caso que investiga el juez de la Audiencia Nacional
Baltasar Garzón. Sefisur actuó como subagente comercializador de
Athos, sociedad que se dedicó a la captación de dinero negro que era
gestionado por Fibanc.
Las investigaciones iniciadas por la Agencia Tributaria tras la
quiebra de Athos en 1993 pusieron al descubierto un fraude fiscal
derivado de una bolsa de dinero negro que se calculó en 20.000
millones de pesetas. Estos fondos eran gestionados por el Banco de
Finanzas e Inversiones (Fibanc), nombre con el que fue bautizado el
escándalo.
Aunque sobre el caso Fibanc se vertieron ríos de tinta entre los
años 1994 y 1996, nada se supo, en cambio, de las implicaciones que
en él tuvo Sefisur, la sociedad de la que Enrique Giménez-Reyna era
consejero y propietario del 10% de las acciones. Sin embargo, en el
caso Fibanc, cuyas diligencias se siguen en el juzgado número cinco
de la Audiencia Nacional del que es titular Garzón, Sefisur aparece
como una de las sociedades querelladas, por haber colaborado en la
captación de dinero para Athos.
Concretamente, figuran, al menos, dos querellas criminales contra
Sefisur por apropiación indebida, presentadas en Málaga, ciudad
donde la agencia tenía su sede.
Una de las querellas fue firmada conjuntamente por María Teresa
Armenta Galán y María Jesús Boxos Santociles en septiembre de 1993.
La segunda la presentó Lucrecia Cardenete Ortega, en diciembre de
1994. En el primero de los casos, la inversión reclamada es de casi
nueve millones de pesetas y, en el segundo, de cuatro millones.
Ninguna de estas personas pudo recuperar su dinero.
Lucrecia Cardenete entregó a Sefisur cuatro millones procedentes
de una herencia familiar, por recomendación del corredor de comercio
de Málaga Juan Luis Gómez Olivares. La inversión se formalizó a
través de un contrato fechado en marzo de 1993, en el que se
establecía que el dinero se invertiría en obligaciones hipotecarias
y que al final del contrato, de un año y medio de duración, se le
devolvería el capital más los intereses, que se calcularon en un
millón de pesetas.
"Cuando llegó el vencimiento, me personé en las oficinas
Sefisur", declara la querellada, "pero me dijeron que no sabían nada
ni de las cédulas hipotecarias ni del dinero, por lo que presenté
una querella". La única explicación que dice haber recibido es que
"había habido un fraude por parte de Athos, que era el intermediario
de Sefisur".
Barcelona y Madrid
Lucrecia Cardenete asegura que se quedó bastante sorprendida
cuando le comunicaron que su querella había sido remitida a un
juzgado de Barcelona. Pero lo cierto es que las numerosas demandas
presentadas por afectados de Athos, entre 60 y 70, terminaron
agrupadas en el juzgado de instrucción número 20 de Barcelona, cuya
juez se inhibió en favor de la Audiencia Nacional.
Según fuentes jurídicas, "las querellas aumentaban a medida que
aparecían clientes dispuestos a denunciar". Porque, tal como ha
ocurrido en otros casos similares, en aquel hubo muchos perjudicados
pero pocos denunciantes. La mayor parte, se afirma, "ocultaba dinero
negro".
Según las mismas fuentes, las causas siguen vivas. De hecho, la
Fiscalía Anticorrupción presentó una querella contra Fibanc ante el
juzgado de instrucción número siete de la Ciudad Condal por entender
que las actividades ilegales de Athos y de las agencias
intermediarias no hubieran sido posibles sin la connivencia del
banco. La Fiscalía ha solicitado que esta querella sea agrupada en
la Audiencia Nacional con las restantes.
Aunque hay informaciones que apuntan que Sefisur acabó siendo
adquirida por Fibanc, fuentes del banco aseguran que "hubo
negociaciones, pero, al final, no se compró". Sin embargo, "la
entidad se quedó con varios agentes de Sefisur para que llevaran la
zona de Andalucía".
Un caso que reveló una
enorme bolsa de dinero negro
El llamado caso Fibanc
comenzó a investigarse a principios de 1994, tras la quiebra de
Athos, que se dedicaba a comercializar fondos de distintos
inversores que eran gestionados por el Banco de Finanzas e
Inversiones (Fibanc) y, en menor medida, por Saudesbank, Sindibank y
Lloyds.
La investigación sacó a la luz un fraude fiscal y una bolsa de
dinero negro de unos 20.000 millones de pesetas. Ésta se generó a
través de sociedades instrumentales de Fibanc, al amparo de
comunidades de bienes (sociedades civiles formadas por varias
personas que unían y reinvertían sus ahorros y que tenían la
titularidad de forma indivisible).Las comunidades de bienes se
utilizaron, tal como ocurrió con las cesiones de crédito o las
primas únicas, para obtener ventajas fiscales.
La principal agencia comercializadora de estos instrumentos fue
Athos, que captaba inversores privados a los que ofrecía una
rentabilidad superior a la del mercado. Por su parte, Sefisur actuó
como subagente de Athos.
El dinero de los inversores no se devolvió y Athos fue a la
quiebra. Su presidente y fundador, Carlos Nadales, terminó en
prisión. Dos de sus socios, José Nebra y Francisco Portabella,
explicaron ante el juez, en febrero de 1996, que la sociedad se
dedicaba sobre todo a captar dinero negro.
Ambos aseguraron que los intermediarios financieros que acudían
al despacho de Athos solicitaban que tanto el capital como los
intereses de sus clientes se mantuvieran ocultos al fisco. El dinero
tuvo diferentes destinos, entre ellos sociedades instrumentales en
paraísos fiscales.
Athos llegó a manejar unos 50.000 millones de pesetas y, según
Hacienda, de la bolsa de fraude que se detectó, de casi 20.000
millones, se regularizó una décima parte.
La ONCE niega que el
ex secretario de Estado le aconsejara entrar en la agencia
Enrique Giménez-Reyna desmintió ayer haber recomendado a
la ONCE tomar el 10% de Gescartera, tal y como publicó el diario El
Mundo en su edición de ayer. El secretario de Estado de Hacienda
dimitió el 20 de julio pasado, tras el estallido del caso
Gescartera, agencia que presidía su hermana Pilar.
La ONCE también negó que el ex secretario de Estado influyera en
su decisión de entrar en el capital de la agencia de valores.
"La ONCE tomó el 10% de Gescartera porque nos propusieron la
creación de un fondo de pensiones para minusválidos y porque la
operación resultaba gratuita", explica un portavoz. La organización
ayudó, de hecho, a difundir el plan de pensiones, llamado Gescartera
Solidaridad, entre asociaciones de minusválidos.
La ONCE ha abierto una investigación interna para averiguar quién
y por qué razón decidió invertir dinero de la Fundación ONCE en
Gescartera, operación que se realizó en 1998 y que ascendía a 700
millones de pesetas. Además, la organización ha modificado el
proceso para decidir sus inversiones. A partir de ahora, el
vicepresidente, Mario Loreto Sanz, supervisará al comité económico.
Según la ONCE, la inversión de la fundación se produjo como
consecuencia de una decisión en el seno de la propia fundación,
presidida por Rafael de Lorenzo, amigo personal de Giménez-Reyna.
Los afectados dicen
que sólo la CNMV se cree la versión de Camacho
Adicae, la asociación que agrupa a 600 afectados por
Gescartera y que ha pedido personarse como acusación particular en
el caso Gescartera, no se cree una palabra de lo que dijo ayer
Antonio Camacho en la Audiencia Nacional.
Según el presidente de Adicae, Manuel Pardos, "la línea de
defensa de Gescartera ha sido desde el principio la búsqueda de un
chivo expiatorio [Camacho] y la mentira y la falsificación. Por lo
que parece, no se han movido de esta línea".
Pardos, que denunció que se están encubriendo las implicaciones
de otras personas e instituciones, bromeó asegurando que "solamente
la CNMV, que da por válido todo lo que le cuentan, sería capaz de
creer lo que dice este pájaro [por Antonio Camacho]".
La asociación de afectados, que todavía no figura como acusación
particular en el caso Gescartera, hará hoy una declaración oficial
después de valorar en su totalidad la comparecencia de Camacho en la
Audiencia Nacional.
El PSOE pide un pleno
extraordinario del Congreso en septiembre
El PSOE
presentó ayer en el Congreso la solicitud de convocatoria de un
pleno extraordinario para debatir el caso Gescartera el 4 de
septiembre. El único punto en la orden del día será la creación de
una comisión de investigación en el Congreso para esclarecer este
caso.
El 3 de agosto, el Grupo Parlamentario Socialista pidió
formalmente la creación de la comisión, petición que fue suscrita
por Izquierda Unida y el Grupo Mixto. El PSOE pide que se investigue
la actuación de los ministerios de Economía, Hacienda, Interior,
Defensa y Administraciones Públicas, así como la de la CNMV.
El PP volvió a rechazar la comisión, e insistió en su propuesta
de una subcomisión de estudio. El diputado Federico Souvirón aseguró
que "no es necesario, puesto que no hay ningún miembro del Gobierno
implicado".
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