Horacio Levy,
Magda Mercader Prats. Barcelona.
Una reforma fiscal es un tema importante que exige un debate
riguroso. Sin datos concretos, los juicios de valor y la discusión
ideológica son mera retórica que confunde a los ciudadanos. Antes de
valorar una reforma necesitamos saber quiénes se beneficiarían,
quiénes perderían y cuánto. Desde hace ya más de dos décadas, los
Gobiernos, las universidades y las instituciones de los países de la
Unión Europea debaten las reformas fiscales con estos datos en las
manos.
Para obtener dichos números, utilizan los modelos de simulación
de impuestos y subsidios sociales. La ventaja de estos modelos es
que, en lugar de calcular los efectos de una reforma sobre un tipo
concreto de contribuyente, hogar o individuo, simulan resultados que
son representativos de la población estudiada.
Recientemente se han desarrollado los primeros modelos de
simulación para España. En este artículo, utilizamos uno de estos
modelos para simular la propuesta de reforma del impuesto sobre la
renta que estudia el PSOE. Aunque hasta ahora no ha sido
formalizada, la principal novedad de esta propuesta de reforma sería
la introducción de un tipo de gravamen único, cercano al tipo
efectivo del impuesto sobre sociedades (alrededor del 28%). El nuevo
impuesto también incluiría una deducción única. Sin embargo, el PSOE
todavía no han aclarado ni el tipo ni el importe de esta deducción.
Esta falta de definición ha sembrado confusión entre los
diferentes analistas. Algunos aseguran que se trata de un mínimo
exento a deducir de la base (véase por ejemplo el estudio del BBVA),
y otros de una renta básica o renta de ciudadanía.
¿En qué difieren estas deducciones? Un mínimo exento es una
deducción que sólo sirve para reducir el impuesto a pagar. La renta
básica es una prestación universal que reduce el importe del
impuesto, para las rentas medias y altas, y que actúa como una
prestación social para las personas con niveles bajos de renta.
Veamos un ejemplo.
Si una persona no tiene renta, su impuesto a pagar es cero. Con
un mínimo exento, este sería el resultado final. Con una renta
básica (de 200.000 pesetas por ejemplo), Hacienda tendría que pagar
a esta persona el valor de la renta básica (200.000 pesetas).
¿Cómo afectaría la propuesta del PSOE a los bolsillos de los
españoles? Para contestar esta pregunta necesitamos saber qué tipo
de deducción propondrán los socialistas (mínimo exento o renta
básica). Hemos simulado dos escenarios de reforma. Los dos suponen
un tipo único del 28%. Pero la primera reforma utiliza un mínimo
exento de 1,5 millones de pesetas y la segunda una renta básica de
200.000 pesetas para los adultos y de 66.500 pesetas para los
menores de 18 años.
¿Qué efectos tendrían estas reformas? El mínimo exento sólo
favorece a las personas que pagan actualmente el impuesto sobre la
renta, las demás no se ven afectadas por el mismo.
Por esta razón, pocos son los hogares con rentas bajas (inferior
a 1,5 millones de pesetas) que se benefician con la primera
propuesta de reforma.
El mínimo exento beneficia algunos hogares con rentas medias
(entre 1,5 y 6 millones de pesetas). Sin embargo, la mayoría de
ellos se ve perjudicada por la eliminación de algunas de las
deducciones del actual IRPF (por ejemplo, deducciones por hijos o
por pagos de hipotecas) y por el tipo único del 28%.
De media, los hogares con rentas entre 1,5 y 3 millones de
pesetas perderían 40.000 pesetas con esta reforma. Los hogares entre
3 y 4,5 millones perderían 65.000 pesetas, mientras que los hogares
entre 4,5 y 6 millones perderían 25.000 pesetas. La sustitución del
actual tipo máximo del 48% por un tipo único del 28%, haría de los
hogares ricos los mayores beneficiarios de esta reforma. Un hogar
con más de seis millones de pesetas ganaría, de media, 300.000
pesetas.
La segunda propuesta de reforma cambiaría radicalmente esta
situación. Con una renta básica, los hogares más pobres serían los
mayores favorecidos (un hogar con menos de 1,5 de pesetas ganaría,
de media, 215.000 pesetas). Los hogares con rentas entre 1,5 y 3
millones de pesetas también ganarían con esta reforma (65.000
pesetas de media). Tal como en la reforma anterior, los hogares
entre 3 y 4,5 millones seguirían perdiendo 65.000 pesetas con la
segunda propuesta. Los hogares con rentas entre 4,5 y 6 millones de
pesetas serían los mayores perjudicados, con una pérdida media de
185.000 pesetas. Los más ricos seguirían ganando, sin embargo, la
ganancia media se reduciría a 135.000 pesetas.
Aunque beneficia a los más pobres, debemos recordar que la renta
básica es muy costosa.
De hecho, un impuesto sobre la renta con tipo único del 28% sólo
podría financiar una renta básica de 200.000 pesetas anuales. Este
valor es muy inferior al de las prestaciones asistenciales.
Por ejemplo, el importe del subsidio por desempleo es de 650.000
pesetas (para financiar una renta básica de ese valor, sería
necesario un tipo único superior al 65%). Por lo tanto, aunque se
trate de una propuesta interesante, la renta básica sólo podría
actuar como un instrumento complementario, pero no sustituiría el
actual sistema de asistencia social, como algunos han sugerido.
Publicado en página 18