Dinero negro como el tizón y en cantidades billonarias, tan
billonarias que suponen, según previsiones del FMI, entre un 2% y un
5% del PIB mundial. Como la globalización de los mercados, también
el lavado de capitales es un fenómeno del que pocas economías
escapan. A pesar de las llamadas a la cooperación internacional
contra el crimen organizado y los paraísos fiscales, esta práctica
crece cada año.
Las autoridades monetarias están empeñadas en conseguir un marco
jurídico que garantice los movimientos de capitales y, a la vez, una
lucha eficaz contra el blanqueo de dinero negro, reduciendo los
nuevos peligros que acechan al sistema financiero internacional,
Internet, entre otros.
En España, desde 1995, el número de investigaciones puestas en
marcha por el Servicio Ejecutivo de la Prevención del Blanqueo de
Capitales e Infracción Monetaria (Sepblac), adscrito al Banco de
España, ha pasado de 89 en el primer año, a 1.311 en 1999, últimos
datos disponibles. Durante ese año, bancos, cajas y otras entidades
de crédito denunciaron 959 operaciones sospechosas de lavado de
dinero. Según la memoria del Sepblac, en total, se detectaron unas
15.000 operaciones susceptibles de ilegalidad.
Si el delito siempre es delito y el dinero negro, dinero negro lo
esconda quien lo esconda, a juicio de los expertos no es comparable
ni punible en la misma medida la creatividad defraudadora de un
pequeño empresario o profesional que las operaciones ligadas al
narcotráfico o al terrorismo internacional.
Aunque ni Banco de España ni el Ministerio de Hacienda hacen
públicas las cifras sobre economía sumergida, ¿quién no conoce a
algún escamoteador de pequeñas cantidades de dinero ganado mediante
actividad legal, o profesionales que no declaran la totalidad de sus
actividades, o beneficiarios de compraventas, principalmente
inmobiliarias, en las que se oculta el importe real a Hacienda?
¿Será posible atajar el fraude cuando llegue el euro? Opiniones
hay para todos los gustos, aunque el Banco de España no se pronuncie
sobre ello. Algunos analistas pronostican que con la puesta en
circulación del euro el dinero negro saldrá de los rincones. Incluso
los hay que utilizan este argumento para explicar el nuevo boom
inmobiliario.
Entre los asesores fiscales existe la creencia de que los
primeros meses de la conversión serán los peores. La mayoría
considera que se volverán a ocultar los euros una vez cambiados. Se
ha establecido que sólo habrá que identificar a aquellas personas
que pretendan cambiar más de medio millón de pesetas por operación,
por lo que blanquear en cantidades inferiores será posible sin dejar
huella. Los responsables políticos no se cansan de repetir que no
habrá amnistía fiscal.
El Sepblac ha elaborado un retrato robot del blanqueador: empresa
de sectores innovadores con ingresos millonarios y escasa negocio.
De reciente constitución y poco capital social que además usa
términos en inglés y conceptos informáticos para su denominación
social. Carece de instalaciones y los estractos de sus cuentas
bancarias rebosan asientos.
Suiza,
un islote en medio de la divisa común
Pese a que la mayoría de sus vecinos adoptará el euro el 1 de
enero, en Suiza el franco seguirá siendo el único medio de pago
legal. Lo aseguró Roland Tornare, director del Banco Nacional suizo,
la pasada semana durante un seminario en Berna.
Entro otros motivos, según explicó Tornare, puesto que el tipo de
cambio del franco con el euro no es fijo, el vendedor tendría que
adaptar continuamente sus precios a las oscilaciones monetarias o
ampliar sus márgenes para cubrir riesgos, lo que perjudicaría al
cliente.
Anunció que desde el 3 de enero los mostradores de los bancos
helvéticos dispondrán de billetes de euro así como los cajeros
automáticos de los principales bancos.
Las autoridades suizas han comenzado a recomendar a sus
ciudadanos que viajen a la eurozona que cambien sus monedas europeas
por francos suizos antes del 31 de diciembre de 2001.
Por su parte, Germain Hennet, miembro del comité Ejecutivo de la
Asociación de Banqueros Suizos, advirtió del temor expresado por los
expertos de la puesta en circulación de dinero ilegal. Los
falsificadores tratarán de aprovechar ese intervalo para poner en
circulación sus billetes falsos.
Para Stefan Fassler, de Crédit Suisse, antes o después el euro se
impondrá como segunda moneda.