Pocas son las novedades técnicas que ofrece la campaña de renta 2000 respecto
al año pasado. Pueden resumirse en un tratamiento más favorable de las plusvalías
y en unos límites de desgravación más amplios para los fondos de pensiones. Sin
embargo, el impuesto sobre la renta, cuyo plazo de declaración termina el 2 de
julio, tiene planteados dos problemas de gran alcance: el vacío institucional en
torno al fraude fiscal y el desajuste, que va camino de hacerse crónico, entre
ingresos y retenciones de los contribuyentes, causa de un volumen desmesurado de
devoluciones.
Desde 1997, el fraude fiscal y su persecución a través de los planes de
inspección ha desaparecido de los criterios y principios fiscales de la
Administración. Hasta tal punto es espectacular este vacío, que resulta difícil
precisar hoy cuáles son las actividades de la Agencia Tributaria, salvo la obvia
de informar sobre las declaraciones del IRPF y organizar los servicios de apoyo
al ciudadano. Este desprecio hacia el fenómeno del fraude fiscal es un grave
error, porque suprime del discurso político el principio de la equidad social,
en la que deben confiar los ciudadanos como pilar ineludible de su declaración.
Si hasta el momento los contribuyentes no han reclamado mayor atención al fraude
-que existe y que, según algunos indicios, tiende a aumentar- es porque se han
visto beneficiados y satisfechos por la rebaja del impuesto, y la Administración
acrecienta su recaudación gracias al crecimiento de la economía. Pero estas
condiciones pueden cambiar, y también la percepción que se tiene de un sistema
tributario que se olvida del dinero negro.
El equilibrio entre retenciones y declaraciones sigue sin conseguirse dos años
después de implantada la reforma del IRPF. Hacienda tendrá que devolver 1,2 billones
de pesetas al 72% de los contribuyentes obligados a declarar. Estas cifras y otras
de detalle confirman que existe un grave problema técnico que la Agencia Tributaria
y la Dirección de Tributos deberían resolver ya. Porque si es muy loable la
reducción en los plazos de devolución, más lo sería que el dinero que devuelve
Hacienda no saliera cada mes del bolsillo de los contribuyentes.