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Opinión
EDITORIAL Buenos contribuyentes
La Agencia Tributaria hizo ayer balance de los resultados obtenidos durante el año 2000. El director general de este organismo, Ignacio Ruiz-Jarabo, destacó que de las buenas cifras de recaudación líquida conseguidas (17,15 billones de pesetas, un 8,3% más que en 1999) se puede concluir que los ciudadanos cumplimos cada vez mejor con nuestras obligaciones fiscales. Según Hacienda, el mérito no es exclusivamente de los contribuyentes. Buena parte del incremento de la recaudación -que crece un punto por encima del aumento del PIB nominal- se debió, a juicio de la Agencia Tributaria, a la mejora y ampliación de los servicios de asistencia y ayuda para el cumplimiento de las obligaciones fiscales. Una de cal y otra de arena. El director general de la Agencia Tributaria también destacó que el año pasado los servicios de inspección lograron descubrir 1,41 billones de pesetas de fraude fiscal, un 7,64% más que en 1999. Cifra que recoge el fraude detectado por los órganos de aduanas, gestión e inspección y que rompe la tendencia de los últimos años, en que la deuda descubierta por la inspección se había ido reduciendo. Esta buena noticia para los contribuyentes queda velada por una llamativa coincidencia. En el año 2000 se produjo una suavización de las tensiones entre inspectores y subinspectores dentro de la agencia, y la detección de fraude por los órganos de la inspección ha vuelto a ser positiva. Todo apunta a que la eficacia ha estado fuertemente condicionada en años anteriores por la existencia de conflictos internos en la agencia, algo extremadamente preocupante. Pero, además, no basta con detectar a los defraudadores. También hay que hacerles pagar. Los 1,4 billones de deuda detectada contrastan con lo que Hacienda fue capaz de cobrar el año pasado, sólo 224.569 millones. Es una buena noticia que los españoles seamos tan buenos contribuyentes y que Hacienda sea capaz de desenmascarar a los malos. Es menos agradable saber que los gestores de la Hacienda pública no siempre han sido capaces de custodiar la delicada información de la que disponen. Y tampoco resulta tranquilizador que ahora se dediquen a desmentir públicamente sus propios informes. El de los servicios de auditoría interna de la Agencia Tributaria, que publicó este periódico recientemente, no deja lugar a dudas. Se produjeron accesos indebidos a datos de grandes contribuyentes y resultó afectado parte del archivo de la Unidad de Estudios Económicos. Las autoridades de Hacienda prefieren la política de sostenerla y no enmendarla. Porque si hay un problema, y era su propio informe quien lo denunciaba, lo sensato es tratar de encontrar la solución y no enrocarse en juegos de palabras, como hizo ayer el responsable de la Agencia Tributaria. Si, como aseguró, es "absolutamente imposible que hayan desaparecido expedientes fiscales de la Unidad de Estudios Económicos, porque nunca los tuvo", acaso la auditoría que hizo la propia agencia fuera puramente virtual. Y es bien real.
Publicado en página 16 |
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