Hacienda recaudó el año pasado 257.000
millones de pesetas más que lo presupuestado. Este es el
princicipal argumento del que dispondrá el próximo martes el
secretario de Estado de Hacienda, Juan Costa, para intentar
convencer a los diputados de que la política de recaudación
está dando los frutos pretendidos.
Costa, además, se apoyará en uno de los
prinicipales instrumentos de análisis con que cuentan los
expertos para conocer el grado de eficacia de los impuestos,
y que no es otra cosa que la llamada elasticidad. Bajo este
concepto se esconde la capacidad de respuesta de un tributo
al crecimiento económico, y según los datos enviados ayer a
los parlamentarios, la adaptabilidad de los impuestos fue en
1998 la más alta del último quinquenio.
En concreto, la elasticidad fue del 1,47%
(cociente entre la recaudación neta y el PIB nominal).
Pero no todos los impuestos tuvieron un
comportamiento similar. El más potente en términos de
recaudación, el IRPF, sumó 326.000 millones de pesetas menos
de lo presupuestado, mientras que el de Sociedades, por el
contrario, recaudó 448.000 millones de pesetas más.
El IVA, por su parte, se ajustó casi al
100% a lo previsto inicialmente, mientras que en los
impuestos especiales se registraron ingresos extraordinarios
por valor de 82.000 millones de pesetas.
En total, los ingresos gestionados por la
Agencia Tributaria ascendieron a 15,5 billones de pesetas.
Dentro del IRPF, destaca el hecho de que los
ingresos por retenciones de trabajo ascendieron a 4,9 billones
de pesetas, lo que supone un incremento del 5,6% respecto del
año anterior. Las retenciones por arrendamientos, tanto en IRPF
como en Sociedades, ascendieron a 94.000 millones, «en línea»
con lo presupuestado, asegura en su informe Costa.
Las retenciones del capital, por el contrario,
crecieron menos de lo que se había previsto, en concreto 22.000
millones de pesetas, lo que es achacable a la bajada de los
tipos de interés (que aminora la rentabilidad de los depósitos
y, por lo tanto, su fiscalidad).